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Punto de vista

Aprendiendo de la adversidad

Por David Fischman. UPC

Un estudiante universitario de 19 años reprueba varios cursos. Se siente frustrado, no valora sus estudios y prefiere trabajar. En ese tiempo, descubre la marihuana y la consume diariamente. Su familia deja de ayudarlo financieramente y él abandona la universidad. Toma un trabajo poco calificado en una hacienda. Al comienzo, siente felicidad por tener el control en su vida. Sin embargo, el trabajo duro lo trae a la realidad. Pierde a sus amigos que cada vez están más encaminados, avanzando sus carreras. Se siente excluido, su futuro le ofrece pocas oportunidades. Al año el joven se deprime, reconoce su error, sufre y, finalmente, decide regresar a la universidad y retomar su vida. Tiene que trabajar el doble, debe estudiar y trabajar para pagar la universidad. Sin embargo, dos años después, es uno de los mejores alumnos de su carrera y tiene un excelente puesto en una empresa. Él reconoce que no habría llegado tan lejos si no hubiera sido por la crisis y el sufrimiento que le tocó vivir.

A un empresario exitoso y ambicioso, preocupado por crecer y hacer más dinero, le diagnostican cáncer, y le dan un año de vida. Hasta ese momento él consideraba a las personas, sus empleados y su familia como un medio para conseguir sus fines. El empresario primero se derrumba, luego cambia su actitud hacia la vida. El trabajo se convierte en un medio y no en un fin. Quiere pasar más tiempo con sus hijos, ayudar a su personal y se preocupa por las personas. Los médicos logran curarlo del cáncer y regresa al trabajo. Ahora es una persona diferente y se siente más feliz que antes.

Ambos casos son un ejemplo de cómo la adversidad puede tener un efecto positivo en las personas. El nombre clínico de este fenómeno es "crecimiento postraumático". Según Jonathan Haidt, la adversidad ayuda al ser humano por tres motivos:

1. Porque revela aspectos de nosotros mismos que desconocemos y eso mejora nuestro autoconcepto. En los casos descritos, el joven no sabía que aspiraba a ser profesional, ni sabía que tenía el carácter para volver a la universidad. El empresario, por su parte, no sabía que podía motivar y preocuparse por las personas y que eso lo haría feliz.

2. Porque nos abre el corazón y nos permite acercarnos a las personas. Ante una adversidad reconocemos a nuestros reales amigos y nos acercamos más a ellos. Estrechamos más nuestros lazos de amistad y eso nos ayuda a ser más felices.

3. Porque nos hace pensar en nuestras prioridades y nuestra filosofía de vida. Muchas veces vivimos a toda velocidad, tratando de ganar la carrera y recibir reconocimiento. ¿Pero es ese el camino que realmente queremos seguir? Ante una adversidad, nos detenemos y reflexionamos si esa es la carrera que deseamos correr; si es la carrera que nos dará lo que buscamos en la vida.

Al empresario y al universitario, la adversidad les sirvió para reevaluar sus vidas y cambiar caminos.

La mayoría de nosotros ha pasado por alguna adversidad en su vida, algunos hemos mejorado a raíz de esa experiencia. Otros decidieron bloquearla y olvidarla. Los estudios demuestran que la mejor forma de aprovechar la adversidad es hablar de ella con personas de confianza, y buscar el significado y el aprendizaje para nuestras vidas.

La próxima vez que usted o algún familiar encuentre una adversidad, recuerde que, aunque parezca doloroso, el tiempo nos mostrará la lección que nos hará mejores personas. La sabiduría no se puede enseñar, se tiene que vivir. Existe siempre una lección enterrada con la adversidad, esperando ser descubierta por nosotros.

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