ARTHUR C. CLARKE. Escritor falleció a los 90 años
COLOMBO, SRI LANKA [AGENCIAS]. Arthur C. Clarke, un autor de ciencia ficción visionario que ganó reconocimiento mundial con más de 100 libros sobre el espacio, la ciencia y el futuro, falleció la madrugada de ayer en su casa de Sri Lanka (antigua Ceilán), isla asiática al sur de la India, indicó un asesor. Tenía 90 años.
Clarke, quien desde la década del 60 luchó con un síndrome que padeció después de la poliomielitis, murió a la 1:30 de la madrugada tras sufrir problemas respiratorios, dijo su ayudante Rohan de Silva.
Como se recuerda, el escritor británico se mudó a Sri Lanka en 1956, atraído por su interés en el buceo y la fotografía submarina, que consideraba lo más cerca de la carencia de gravedad en el espacio. "Funciono perfectamente bajo el agua", dijo alguna vez. También era conocida su fascinación por la milenaria cultura india.
Coguionista junto con Stanley Kubrick de la película "2001: Odisea del espacio", Clarke era considerado mucho más que un autor de ciencia ficción. En efecto, con estudios de física y matemáticas en el prestigioso King's College de Londres, Clarke también ejerció varios años como presidente de la Sociedad Interplanetaria Británica. Su fama mundial se consolidó con sus intervenciones televisivas: en la década del 60, como comentarista de la CBS de las misiones Apolo; y en la década del 80, merced a una serie de televisión. También son conocidas sus famosas leyes de Clarke, publicadas en su libro "Perfiles del futuro" (1962). La más popular (y citada) de ellas es la llamada tercera ley de Clarke: "Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia".
En su honor se puso su nombre a un asteroide y una especie de dinosaurio ceratopsiano, el 'Serendipaceratops arthurcclarkei', descubierto en Inverloch, Australia.
Como escritor y divulgador científico, siempre fue comparado por su claridad y amenidad con otro notable coetáneo: Isaac Asimov. Sus relatos iniciales de ciencia ficción giraban alrededor de una trama científica, a la que gustaba resolver con un final sorprendente. Sus obras mantienen siempre un tono aséptico, sin adornos ni artificios, aunque sí con cierto grado de humor británico, pues dejó que fuesen las ideas encerradas las que mantuvieran la atención del lector. En cuanto a sus temas, destacan dos ideas fundamentales: el optimismo por los beneficios del progreso científico, y el encuentro con especies y culturas superiores.