Por Ramiro Escobar
Un compositor responsable, un escritor devoto de los gags, un pintor tan genial como egoísta. Una ama de casa que lucha por ser escritora. Un dramaturgo profundo que es a la vez un hombre muy práctico. Otro compositor, más bien patético, que suplica por dinero para poder llevar una vida de lujos. Si nos quedáramos con las biografías convencionales de Johann Sebastian Bach, Mark Twain, Pablo Picasso, Jane Austen, William Shakespeare o Richard Wagner (a quienes, respectivamente, corresponden las características arriba descritas), nos perderíamos una gran película, llena de escenas que retratan, en cuerpo y alma, a estos magnos personajes.
Paul Johnson intenta en Creadores, su libro más reciente, aproximarnos a una comprensión del rumbo existencial de un grupo de grandes artistas, no solo músicos, pintores o dramaturgos, sino también arquitectos de talante gótico como Augustus Welby Northmore Pugin, o diseñadores legendarios como Christian Dior. Todos tienen, para él, algo nuevo que decir con la imaginación. Para descifrarlos, Johnson se interna por los entresijos de los distintos tipos de creatividad que cada uno de ellos plasma en sus catedrales, páginas, lienzos, notas musicales o dibujos animados (hay un curioso contrapunto entre Disney y Picasso). Y en varios de ellos encuentra el ánimo de ruptura, de reinvención o de querer abrir, a veces sorteando profundas incomprensiones, una ruta novedosa.
Así, a Geoffrey Chaucer -autor de los célebres Cuentos de Canterbury- le atribuye haber inaugurado la literatura realmente inglesa. Y a Mark Twain, padre de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, haber hecho lo mismo con la literatura norteamericana. Bach, a su vez, el docto maestro del órgano y el clavecín, es descrito como el gran renovador de la música religiosa. Hacia al final del libro, hay una suerte de mea culpa sutil titulado 'Metáforas en un laboratorio', en el cual se pasa rápida revista de personajes como Edison, Einstein o Faraday. Johnson reconoce así que la ciencia también puede ser hermosa, que no es solo una cuestión de fórmulas o probetas. En su ayuda, por supuesto, llama a Leonardo, Miguel Ángel, Cellini y al propio Alberto Durero, a quien sí incluye en su lista de Creadores. Todos ellos artistas y algo científicos a la vez. Las casi 400 páginas del libro invitan a la reflexión, la sorpresa o el descubrimiento de algo, penoso o feliz, en la vida de estos artistas. Johnson, un conservador irredento -admirador de Reagan, para más señas-, sabe contar, explicar y entretener. Eso lo redime de sus vitriólicas opiniones políticas.