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LA ESCLAVITUD AFRICANA EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Origen y legado de la esclavitud

Este libro del historiador de la Universidad de Columbia Herbert S. Klein, cuya primera edición apareció hace veinte años, es uno de los estudios clásicos sobre la esclavitud africana en América, sobre todo porque aborda el fenómeno desde sus múltiples perspectivas: económicas, humanas, sociales, culturales y políticas; distinguiendo, además, la particularidad que tuvo en cada región del continente, ya sea en Norteamérica, Centroamérica, Brasil o la América hispana.

En esta reedición, el estudio se amplía con la colaboración de Ben Winson III, profesor de historia latinoamericana y director del Center for Africans Studies de la Universidad de John Hopkins, en Baltimore, Estados Unidos.

La trata de esclavos ha sido uno de los mayores crímenes en la historia de la humanidad, pues entre los siglos XVI y XIX fueron capturadas, vendidas, vejadas y sometidas entre 10 y 15 millones de personas. Y, como se señala en este estudio, no hubo potencia europea que no participara de alguna medida en este comercio.

Una actividad que involucró a portugueses, ingleses, holandeses, franceses y españoles, pero que, además, tuvo la complicidad de algunos grupos de poder africanos que abastecían de esclavos a los europeos, aspecto pocas veces tratado, y que es puesto en evidencia en esta investigación. "Los abastecedores solían ser autoridades locales o miembros de determinada clase de alguna sociedad africana, a veces, mulatos u otros, oriundos también de África, pero sin vinculación con tribu o nación alguna" (p.140). Incluso los traficantes portugueses que solían capturar a sus esclavos con el tiempo utilizaron cada vez más a estos intermediarios.

Cuando los europeos llegaron a Centroamérica, la trata de africanos era ya común en la península ibérica y en el mediterráneo. En el caso peruano, la llegada de esclavos se produjo en el mismo instante de la Conquista. Las huestes de Pizarro estaban conformadas por unos dos mil esclavos y, según especifica este trabajo, hacia 1555 su número ascendía a 3,000 en Lima y en 1640 llegaba a veinte mil. En 1611 había en Potosí, el gran yacimiento minero colonial, 6.000 negros y mulatos, entre esclavos y libertos. Solo Brasil y la América española recibió en el siglo XVII 2,2 millones de africanos.

Pero los capítulos centrales de este trabajo no solo se ocupan del ascenso demográfico africano en América sino se detienen en el aspecto cultural. En la aculturación experimentada por los africanos en América, que con el transcurso de los siglos dio origen a la cultura afroamericana. Esto fue, sin duda, un preludio de la libertad. El fin de la esclavitud gestado por los propios esclavos haitianos y también por el arribo de las ideas de la Ilustración, cuando Montesquieu escribió El espíritu de las leyes, y cuando Adam Smith calificó la trata de personas como un anacronismo dentro de la sociedad moderna. La lucha por la inclusión social sería, sin embargo, más larga y sus batallas se prolongarían hasta bien entrado el siglo XX.

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