EN COLOMBIA Festival de teatro
LA UNDÉCIMA EDICIÓN DEL FESTIVAL IBEROAMERICANO DE TEATRO ES EL ACONTECIMIENTO CULTURAL DEL AÑO EN COLOMBIA ESTE AÑO CUENTA CON INVITADOS PROVENIENTES DE 45 PAÍSES EL PERÚ ES REPRESENTADO POR LA COMPAÑÍA DEL TEATRO LA PLAZA ISIL, QUE LLEVA A ESCENA "LA CELEBRACIÓN"
Por Raúl Cachay. Enviado especial
BOGOTÁ. "Colombia es pasión. El riesgo es quedarse". Así reza el eslogan con el que el Gobierno del país cafetero busca promover su inmenso potencial turístico. Y es con ese fin que Proexport, el equivalente colombiano de nuestro PromPerú, ha reunido en Bogotá a un grupo de periodistas provenientes de toda la región: con el pretexto de asistir a una nueva edición del Festival Iberoamericano de Teatro, probablemente el encuentro de este tipo más importante (y, sobre todo, masivo) del mundo entero, los periodistas hemos sido sometidos a un auténtico bombardeo de estímulos.
Visitas a museos, almuerzos en restaurantes magníficos (ese barroco portento llamado Andrés Carne de Res merece un artículo completo) y recorridos por espacios de interés turístico, como la espectacular Catedral de Sal, el centro histórico de La Candelaria o el monte de Monserrate: las autoridades vienen haciendo un esfuerzo encomiable por modificar la imagen que sigue proyectando Colombia a nivel internacional, aunque a decir verdad todos estos desvelos promocionales no son necesarios. Bogotá, en esta época del año, es una ciudad ciertamente encantadora. Y lo es en especial por la atmósfera festiva que transmite el abrumador acontecimiento escénico que creó hace dos décadas la actriz argentina Fanny Mikey: en esta versión, con compañías provenientes de 45 países de los cinco continentes, en total serán nada menos que 750 funciones (el festival, que empezó el 7 de marzo, ya ingresó a su recta final, pues concluye oficialmente este lunes), con 1.200 artistas en escena (entre ellos, todos los actores de la peruana "La celebración" que, bajo la dirección de la incansable Chela de Ferrari, cosechó innumerables elogios entre el público y la prensa cafetera). Es decir: la ciudad ha sido tomada por asalto, no por las armas del terror, sino por la magia del teatro. Y eso, en un país tan golpeado por la violencia como este, es sencillamente conmovedor.
Como lo comentaba Victoria Lucena, una de las intérpretes y guías de los invitados foráneos (cada dos años, este encuentro le da empleo a centenares de personas, y hay que decir que su nivel de organización y logística es envidiable), durante los días en que se realiza el festival, "en la ciudad se respira una maravillosa irrealidad". Y tiene razón. De hecho, de otra forma no se podría explicar que, por ejemplo, el índice de criminalidad disminuyera dramáticamente, o que no hubiera bogotano que no se sintiera involucrado y estimulado por este fárrago de presentaciones callejeras, circo, títeres, malabarismos e incluso peleas de catchascán.
Y si hablamos de la calidad de la programación, pues como siempre es impecable. Ayer vimos dos obras de temperamentos casi antagónicos: primero fue "La casa", una desopilante adaptación de "Cien años de soledad" propuesta por la compañía colombiana Grupo Experimental uno -- FITI, algo así como García Márquez en anfetaminas, como si el clásico absoluto del realismo mágico latinoamericano hubiera sido reformulado por los Monty Python. Luego, en la plaza de toros La Santamaría, el colectivo franco-brasileño Circo da Madrugada escenificó un alarde de riesgo y creatividad circense llamado "Caídos del cielo", que incluyó momentos tan impactantes como el vertiginoso descenso de los actores disfrazados de ángeles desde lo alto de la torre Colpatria, el edificio más alto de la ciudad. No hace falta agregar que ambas estuvieron formidables.