Por Dionisio Romero Paoletti. Empresario
Los precios de los alimentos, así como de otros productos básicos han subido de manera acelerada durante los 12 últimos meses. A febrero, productos como el maíz, el trigo y el aceite de soya han subido en el mercado internacional 25%, 92%, y 96%, respectivamente. El alza se debe a varios factores. Por un lado está el incremento de la demanda mundial, liderada por el crecimiento económico y el aumento en la capacidad de consumo de la población de China e India. También ha influido la menor oferta coyuntural por problemas climáticos en algunos países productores. Asimismo, ha afectado la creciente intervención de los fondos de inversión en las bolsas de commodities y derivados basados en estas. Por último, en algunos productos, como el azúcar y los aceites crudos vegetales, se ha generado una nueva demanda, derivada de su posible uso como combustibles ecológicos.
Adicionalmente, en el plano local, hemos sufrido fuertes lluvias y huaicos que interrumpieron el tránsito en las carreteras. Sin embargo, salvo las interrupciones y demoras en el transporte, este escenario negativo para los consumidores es positivo para los agricultores. En la costa y sierra, la rotación de cultivos con maíz les permite mayores retornos por año. En la sierra, con la asesoría de la empresa privada, la siembra de trigo durum genera un atractivo ingreso adicional. En la selva, el incremento de precios del cacao y de la palma aceitera les proporciona una buena rentabilidad. Ejemplo de ello es el importantísimo crecimiento de las áreas sembradas de ambos productos en las zonas de Tocache y Yurimaguas, en reemplazo de los antiguos cocales.
Pero si queremos lograr que esta coyuntura sea positiva no solo para el agricultor sino también para el consumidor, debemos invertir en infraestructura, propiciando así la reducción de precios al consumidor sin afectar la rentabilidad del agricultor. Por ejemplo, la construcción de carreteras de penetración costa sierra, carreteras norte-sur en la sierra y el asfaltado de la carretera marginal de la selva reducirían el costo del transporte de los alimentos. También la construcción del Mercado Mayorista de Santa Anita permitiría una importante disminución en las mermas de los alimentos perecibles, que actualmente superan el 30% del volumen.
Por otro lado, el Gobierno puede dar normas que permitan una mejor utilización de los recursos, como por ejemplo desincentivar la siembra de arroz en los valles de la costa y promover, en cambio, su cultivo en el valle del Huallaga y otros de la selva. En su reemplazo debería promoverse la siembra de nuevas y más productivas variedades de algodón extralargo. En la selva, la siembra de palma aceitera es una comprobada alternativa de reemplazo de cultivos ilícitos.
La información es también muy importante. En la sierra y en todo el Perú debe ampliarse la red de comunicación para los agricultores, mediante la emisión de boletines enviados a los medios locales, incluyendo una página web que podrá ser leída en las más de 1.000 comunidades campesinas que pronto tendrán servicio de Internet. Mediante estos instrumentos se informaría al país de las áreas sembradas y los precios de mercado de los diferentes productos. Este conocimiento es vital para que el agricultor tome una decisión informada a la hora de decidir qué sembrar.
Este período de precios agrícolas altos, y de importante ingreso de impuestos al fisco, es una excelente oportunidad para potenciar al agro nacional como una actividad competitiva que extienda los beneficios de su crecimiento tanto a los agricultores como a las grandes mayorías de nuestro país.