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EDITORIAL

Bandas criminales que han dejado de ser meras pandillas

La siniestra evolución de ciertas pandillas en auténticas maquinarias del crimen es un fenómeno que amenaza con hacerse incontrolable si las autoridades no actúan contra ellas con mano dura y una estrategia bien diseñada. Este engendro delictivo tiene distintos componentes y por eso no solo es un tema policíaco. Junto con firmes acciones represivas, es vital el apoyo de las autoridades edilicias y políticas, de jueces y fiscales.

Se ha puesto en evidencia que estos grupos actúan en zonas virtualmente liberadas, donde la microcomercialización de drogas es el más rentable negocio del barrio. Pero además han diversificado sus actividades ilícitas y ahora participan en secuestros, asaltos y asesinatos. Es decir, la pequeña industrialización de la criminalidad.

El fenómeno obliga a una honda y rápida revisión de las penalidades, de modo que no estemos viendo como pandillas a organizaciones criminales de alto vuelo.

La PNP tiene que hacer su trabajo: identificar y detener a los involucrados, y desarticular las mafias existentes. Con un buen atestado policial y una impecable investigación fiscal, los cabecillas no podrán librarse de las penas que conlleva el tráfico de droga e incluso el uso de armas militares. Pero para eso es determinante que los operadores de la justicia trabajen coordinadamente.

En cuanto a las municipalidades es inconcebible que permitan que su jurisdicción sea área liberada para el crimen. ¿Qué está pasando con quienes deben evitar este desborde delictivo que recluta cada vez a más jóvenes? Todos tienen un grado de responsabilidad y también una tarea pendiente, de rendición de cuentas.

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