COMENTARIO INTERNACIONAL
Por Andrés Oppenheimer. Periodista
El presidente venezolano Hugo Chávez, su colega ecuatoriano Rafael Correa y el grupo guerrillero FARC de Colombia negaron airadamente la autenticidad de los documentos encontrados por el Ejército colombiano en su ataque del 1 de marzo contra un campamento de la guerrilla colombiana en Ecuador. Sin duda, tienen buenas razones para estar nerviosos.
Si el equipo de expertos forenses en computación de la Interpol, invitado por Colombia, comprueba la autenticidad de los documentos hallados en las tres computadoras del jefe operativo de las FARC 'Raúl Reyes', muerto durante el ataque, habrá pruebas escritas de que las carreras políticas de Chávez y Correa fueron financiadas en parte por uno de los grupos terroristas más violentos del mundo.
Además, los documentos hablan sobre un fondo de alrededor de US$300 millones que supuestamente Chávez estableció para los rebeldes de las FARC, y del activo apoyo prestado por Correa a los campamentos rebeldes de las FARC en territorio ecuatoriano.
Chávez está liderando una campaña para que el mundo le conceda a las FARC estatus beligerante, lo que equivale a legitimidad diplomática, pero niega haber tenido tratos financieros con ellos.
El gobierno de Chávez ha ridiculizado los archivos encontrados en las computadoras de 'Reyes', calificándolos de falsificaciones, y Correa ha lloriqueado que son una infamia. Las FARC se burlaron de la versión colombiana del hallazgo de las computadoras, diciendo que las laptops no podrían haber sobrevivido al ataque del Ejército colombiano ni con blindaje especial.
Tras estos desmentidos, llamé a altos funcionarios de Colombia --incluyendo al jefe de policía general Óscar Naranjo, el hombre a cargo de la investigación-- y analistas políticos, y les pregunté cómo piensan convencer al mundo de que los documentos son auténticos.
* Primero, el presidente colombiano Álvaro Uribe estaría cometiendo el mayor error de su carrera política si hubiera hecho público documentos tan importantes que luego resultaran haber sido falsificados.
* Segundo, Uribe hubiera sido bastante tonto en invitar al equipo de expertos de la Interpol para examinar las computadoras de 'Reyes' y emitir un informe sobre la autenticidad de los documentos.
* Tercero, es prácticamente imposible manipular el disco rígido de una computadora sin dejar huellas que no puedan ser detectadas por expertos forenses en computación.
* Cuarto, hay más de 2.000 fotos de 'Reyes' y sus camaradas de las FARC en las computadoras, incluyendo fotos de los dirigentes guerrilleros con algunos conocidos visitantes. ¿Cómo podría el Ejército colombiano haber fraguado esas fotos? Preguntan los funcionarios colombianos.
* Quinto, las autoridades de Costa Rica --actuando sobre la base de información encontrada en las computadoras de 'Reyes'-- descubrieron US$480.000 en efectivo en la casa de un aliado de las FARC cerca de la capital costarricense.
* Sexto, los funcionarios colombianos ridiculizan las afirmaciones de las FARC de que las computadoras no podrían haber sobrevivido al ataque: más de la mitad de las cerca de 60 personas que estaban en el campamento guerrillero en el momento del ataque sobrevivieron al ataque, y muchos objetos no sufrieron daños, dicen.
Pregunté a varios expertos forenses en computadoras si es técnicamente posible que el Ejército colombiano pudiera haber manipulado las computadoras sin dejar huellas en sus discos duros.
"Sería extremadamente difícil, si no imposible, que alguien plantara evidencias después del hecho sin dejar rastros", me dijo Jason Paroff, director del departamento forense de computación de Kroll Ontrack Inc., una de las empresas de recuperación de datos más grandes del mundo. "Si alguien hubiera plantado pruebas, el equipo de la Interpol lo descubriría".
Mi opinión: hay dos posibilidades. O Uribe está loco al invitar a la Interpol a autenticar los archivos de las computadoras, y debería pagar las consecuencias políticas si resulta que mintió, o Chávez y Correa muy pronto quedarán expuestos ante el mundo como mentirosos compulsivos y aliados de un grupo terrorista. Hagan sus apuestas.