Entrevista LUCÍA FERNÁNDEZ
Por Anotino Orjeda
Jamás pensó en ser maestra de escuela, pero lo fue (y lo fue por siete años). Sin pretenderlo, aprendió así a divulgar los resultados de la que es su real vocación: el arte.
Lucía Fernández tiene 30 años, es artista visual y escritora. Trabaja para tener con qué hacer realidad sus proyectos, también para sellar los vacíos que hay en la formación del artista nacional.
El 2004, con el dinero que ganó tras empatar el primer lugar en el Concurso Internacional de Arte Something Special Lima, partió a recorrer Europa. Para hacerse de mayores recursos, vendió sus obras en las calles de París.
Quería vivir esa experiencia. Además, a la gente le gustaba mi trabajo --no a los galeristas, sino a la gente de la calle--. Cogía mi bicicleta, en mi mochila llevaba mis trabajos sueltos --originales-- y lo único que hacía era decirle a la gente que me diera cinco minutos, solo cinco minutos para mostrarle mi trabajo. Sin ningún compromiso. Y supongo que les caería bien, porque se detenían, me decían qué lindo tu trabajo; y bueno, sí llegué a vender obras.
No fue que se había quedado sin dinero.
Bueno, como todo el mundo, cuando vas un poco a la guerra vas con poco dinero... También le toqué la puerta a un galerista, y él me dio trabajo.
Es artista visual y escritora. ¿No se arrepiente?
¿De qué?
De serlo.
¡Nooo! ¡Para nada! Los mayores éxitos de mi vida han sido con el libro y con mis individuales.
¿No habría sido mejor ser economista, ingeniera, administradora?
No. El arte te da muchas gratificaciones, en muchos aspectos. No solo aprendes un oficio y te contactas con gente --galeristas, otros artistas--, el arte te alimenta espiritualmente. Eso es muy enriquecedor... La gente se conecta con lo tuyo a otro nivel: se puede sentir tocada muy en el fondo, y eso la gente te lo agradece... Así te vas dando cuenta de que es para eso que vivimos (los artistas): para hacer cosas que calen hondo.
Sin embargo, las quejas por la falta de apoyo cunden.
Eso es parte de la realidad. Y más allá de eso, los artistas son muy creativos y ven la manera de sustentar su trabajo... Es por eso que el arte aún existe en el Perú, en un país en el que nadie te apoya.
Usted además tiene un punto en contra: es egresada de Bellas Artes. Aquí los medios suelen atender más a quienes salen de la Facultad de Arte de la Católica.
Ellos tienen ciertas ventajas: la Católica tiene un centro cultural que mueve a sus egresados; Corriente Alterna tiene un circuito de galerías que atiende a sus egresados. En Bellas Artes, tu único aval es tu obra. No hay más.
Tienen que salir a dar la cara.
El artista de Bellas Artes tiene una responsabilidad adicional en su propia formación profesional: ser un autodidacta en el hecho de asumirse como un productor.
Precisamente, usted sí ha sido y es atendida por los medios. ¿Cómo lo ha logrado?
Como muchos, pensé que como artista quizás no iba a lograr mucho. No sabía cómo funcionaban las cosas --era muy joven, muy ingenua--, y lo que ocurrió fue que yo fui docente durante siete años; y la docencia te da didáctica, aprendes a comunicar a un público no especializado qué es el arte, qué significa.
Yo fui la profesora de secundaria de todo un colegio, tenía que saber llegar a todos los chicos.
Y aplicó esa experiencia para poder llegar a los medios.
De algún modo. Porque a la hora que tú conversas con los medios sobre tu trabajo tienes que tener un discurso muy claro --tienes que saber no solo redactarlo, sino también verbalizarlo--; y lo mismo para redactar tu catálogo, para responder cualquier inquietud de cualquier persona que vaya a tu muestra y te diga: ¿oiga, qué significa lo que ha hecho?
Fue maestra siete años siendo artista. ¿No sintió que se aletargaba?
No, porque igual yo participaba en muestras colectivas... Todo --los concursos, mi libro...-- ha ido en paralelo a mi trabajo de docente.
No solo ha sido docente, también fue ilustradora...
Sí, y todo eso ha ido en paralelo. Hasta que llegó el momento en que decidí apostar por mi arte y dejé la docencia. Aunque al final no la dejé del todo, porque este año hice un curso para el Centro Cultural de España, pero ya dirigido a un público especializado: a artistas.
Trabaja en distintas cosas para poder mantener su arte.
Trabajo haciendo prensa cultural: lo he hecho en Bellas Artes, en San Marcos, ahora en la Municipalidad de Lima, y me parece una suerte --pese a todo-- poder trabajar en algo vinculado al arte.
Su foco, sin embargo, está puesto en desarrollarse como artista. Es soltera, no tiene hijos. ¿Ello contribuye a que pueda hacerlo sin preocuparse tanto por el tema económico?
Claro, aunque el tema económico es siempre un tema difícil (ríe)... Pero si tengo un dinero, no voy a dudar en invertirlo en enmarcar mis fotos, ¡tengo un montón de trabajos y proyectos aún no resueltos por la falta de dinero! Estoy esperando mi momento, y mientras no puedo realizarlos, escribo o trabajo proyectos docentes dirigidos a artistas. Hago eso por mi afán docente de algún día llegar a ver una profesionalización en el arte: tener a gente más completa, más responsable, con argumentos sólidos, basados en estudios arduos... Estoy tratando de llenar los vacíos que hay en la formación del artista, porque no todo es el oficio: el artista tiene que asumirse también como un productor.
Para así acabar con el rollo de: el país no me apoya, tengo a todos en mi contra...
Claro, porque así tengas un centro cultural o una escuela que te apoye, igual eres tú quien va a tener que dar la cara al final.
Además, como en cualquier oficio: de cada universidad o instituto egresan cientos cada año y uno tiene que salir a mostrar lo que tiene.
Y en ese aspecto, ante todo está el talento. Por eso uno tiene que seguir desarrollándolo. Uno tiene que sacarse el jugo.
El 2005 publicó "El año de la serpiente", libro del que cada año se vende un promedio de mil ejemplares. Eso no es común en el Perú.
Sí (ríe)... Es un libro dirigido a adolescentes y está siendo acogido por los colegios; y lo que yo hago es ir a los colegios a presentarlo, he preparado mi Power Point, he trabajado un 'speech' (un discurso) para presentarme ante ellos: he trabajado una imagen con mis trabajos, con mis obras, mis poemas, mis textos y mis ideas. Y ha gustado.
Una experiencia cotidiana, un campamento de fin de año, se convirtió como jugando en su primer libro.
Y eso es lo que gusta: que sea tan coloquial, tan ágil...
Uno tiende a hacer de adulto lo que hacía de niño. ¿Qué tan decisivos han sido sus padres en el estímulo de su libertad, en su encuentro con el arte?
Yo soy de esas familias en las que los hijos crecieron solos (ríe), así que no tuve quién me dijera: no hagas esto, no hagas lo otro... La parte buena de esta disfuncionalidad familiar es que a la larga te lleva a escribir, a crear, a buscar otras formas y no quedarte en las convenciones, porque, de no haber sido así, quizás yo ahora estaría enseñando en un colegio y nada más. No tendría una razón para buscar otras maneras de llegar a la gente. Trabajaría simplemente para comer.
¿Cuál es su preocupación actual: hacer rentable su oficio?
Sería súper. Yo vendo mis cosas a través de galeristas, ¡es rico tener tu plata por la venta de un cuadro! ¡Que te paguen lo que vale! Porque hay gente que todavía no valora nuestro esfuerzo... La gente valora el oficio, pero no el concepto --detrás de cada obra hay mucho trabajo intelectual, mucha inversión, muchas neuronas quemadas--; mis proyectos me han tomado un año de trabajo... Yo intenté antes hacer otra carrera --Comunicaciones--, pero tu misión en la vida es una... Aunque yo tengo varias que van por la misma línea: el arte.
El arte a mí me ha dado mucho: me abrió a la docencia, a la prensa cultural, a la publicación de un libro... Ahora yo tengo muchos productos. Si yo soy una empresa: tengo para ofrecer un producto artístico, uno literario, uno de comunicaciones y uno docente. El arte me ha llevado a todo eso, es que ¿no ves que tienes que luchar? Y todo está tan virgen, tan por desarrollarse, que te das cuenta de que hay mucho por hacer... Claro, no puedo vivir del arte, pero puedo trabajar para poder estar en eso, para poder contribuir y, quien tiene la sensibilidad para verlo así, ¡sí la hace! Aunque, claro, el ideal sería hacer arte y no hacer más nada... Ese es el ideal.
LA FICHA
Nombre: Lucía Gabriela Fernández Castillo.
Colegio: Recoleta.
Estudios: Docente de Artes Plásticas de la Escuela Nacional de Bellas Artes.
Edad: 30 años.
Cargo: Artista visual, docente y escritora.