En destaque BEBES PROBETA. SU PRIMER HIJO TAMBIÉN NACIÓ POR FERTILIZACIÓN IN VITRO
Naomi observa el movimiento de la prensa con unos ojos negrísimos y esa soledad y esa altivez que todos exhibimos a los nueve días de nacidos. Su mellizo, Joshua, prefiere dormir. Logra seguir haciéndolo después de que su hermano mayor, de 9 años, le estampa un beso en la frente y otro en la mejilla. De los dos bebes, él es el que más le gusta, afirma. La razón es deportiva: es varón. Con él jugará fútbol.
En el rostro de la madre, Silvia Arce, se adivina el cansancio que causa cuidar a dos recién nacidos. Sí, siempre es agotadora esta etapa de la maternidad. Pero debe serlo más cuando los hijos llegan en pareja, sobre todo, cuando se tiene 52 años. El cansancio es una prueba de su felicidad.
Los tres hijos de Silvia Arce han nacido por fertilización in vitro. El primero, que se llama Mario, vino al mundo cuando Silvia había cumplido los 42 años. Habían pasado 17 años desde que se casó y empezaba a acostumbrarse a las malas noticias.
A los cuatro años de casada, Silvia --auxiliar de educación-- quedó por fin encinta. Sin embargo, perdió al bebe. Aquel fue un embarazo ectópico, uno que se forma fuera del útero, y en esos casos la criatura no logra sobrevivir. Dos años después, volvió a salir embarazada y el dolor fue como un 'déjà vu': de nuevo un embarazo ectópico. Los médicos tuvieron que extirparle las trompas, un ovario y su esperanza de concebir por la vía natural. "Si no voy a poder darte un hijo, puedes buscarte otra pareja". Eso le decía Silvia a su esposo, un policía, cuando la tristeza la vencía. Él nunca quiso. Era mejor insistir, consultar una y otra vez con especialistas.
"Silvia es una mujer sana, pero un embarazo por encima de los 40 años tiene más riesgos. Siempre que se pueda, una debe tratar de quedar embarazada antes de los 38 años. De lo contrario, puede haber complicaciones en el parto o alteraciones cromosómicas. Además, a esa edad disminuye la fecundidad". Esto lo explica la doctora Patricia Orihuela, directora del Centro de Fecundidad y Reproducción Asistida (Cefra). Mario, el hijo mayor de Silvia, la llama mamá Patty.
En la fertilización in vitro --un método que sigue siendo polémico-- se extrae un óvulo de la mujer y se le inyecta un espermatozoide en el laboratorio. El embrión que resulte será implantado en el vientre de la madre. Según la doctora, las probabilidades de éxito no superan el 38%. Mario vino a la vida al primer intento.
¿Por qué busca otro embarazo después de los 50 años, cuando el riesgo es tan alto? "Él quería un hermanito, alguien con quién jugar", dice Silvia, al referirse a su primogénito. Mario, que se parece a su madre, está chino de risa. "Yo quería que fueran tres", aclara.