Punto de vista
Por Rolando Arellano. Doctor en márketing*
Tuve la suerte de pasar los días de Semana Santa en el Cusco, invitado por amigos del programa empresarial de televisión "Aportando". Al regresar sentí el compromiso de dar un comentario que tal vez ayude a esa hermosa ciudad a encontrar un camino de crecimiento y desarrollo.
Como me sucedió ya en otras visitas, quedé asombrado por la inmensa riqueza histórica y cultural que tiene la capital del imperio de los incas, donde en unas pocas cuadras se pueden encontrar rezagos preíncas, monumentos incas, iglesias virreinales, casas del siglo XVIII y modernos edificios, en los cuales discurre un pueblo que en el siglo XXI guarda vivas sus tradiciones en bailes, cantos y procesiones. Ello sin contar con que a unas pocas horas de camino se encuentran maravillas como Machu Picchu, Ollantaytambo y Moray, lo que quizás justifica que los cusqueños la consideren el ombligo del mundo.
Debo señalar también que me sorprendí por lo poco que esa ciudad ha aprovechado su inmenso potencial, en comparación no solamente con otras regiones del mundo, sino hasta con otras zonas del Perú mucho menos ricas. Quizá la razón está en que el llamado ombligo del mundo tiene mucha riqueza, pero, como muchas empresas, cree que tener un producto importante es garantía de éxito en el mercado.
La mayoría considera que el corazón es el órgano más importante del cuerpo, pero no conozco a alguien que se haya enamorado de una persona por su corazón sano y potente. Por otra parte, la sonrisa no es importante para la vida, pero, a pesar de ello, es un factor de atracción clave para conseguir pareja. Quizá nuestros paisanos cusqueños, y los peruanos en general, creamos que los turistas vendrán a vernos solo porque tenemos en Machu Picchu el corazón de la cultura Inca. Olvidamos que el turista no salió de viaje para ver piedras antiguas, sino para pasar unas vacaciones interesantes y amenas. Y aquí quieren recibir, junto con la excitación de la historia, tranquilidad, buen trato y sonrisas.
¿Pero qué es más importante, tener grandes tesoros históricos o tener sonrisas? La respuesta, como lo prueban nuestros vecinos chilenos y uruguayos, con muchos más turistas que el Perú, es que un turista podría ir a algún lugar con poca historia pero con buen trato y muchas sonrisas. Lo que resulta mucho más difícil de pensar es que irá a un lugar con mucha historia, pero donde no estará seguro de ser bien tratado.
Cusco debe comprender entonces que sus espléndidas riquezas históricas son una ventaja para atraer a los turistas. Debe entender también que esas piedras, monumentos, iglesias y pinturas no valen nada si no se los adorna con un trato impecable al visitante, sin temores de paros o problemas. Eso es lo que hará que se vayan contentos y regresen o nos recomienden a su entorno.
Ser el ombligo es importante, porque es allí donde empezó la vida del hombre. Pero les aseguro que un ombligo bonito difícilmente conquista personas. Una sonrisa sí.
* CENTRUM CATÓLICA / ARELLANO MÁRKETING, INVESTIGACIÓN Y CONSULTORÍA