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LETRA VIVA

Más pálido, pero serenándose

Por Ricardo Gonzáles Vigil

Sin el reconocimiento nacional que merece en su condición de figura capital de la Generación del 50 y que fue el primero en asumir la labor fundamental de llevar a la madurez en el Perú la "nueva narrativa" (tarea a la que se sumaron, después de él, autores de la talla de Eleodoro Vargas Vicuña, Julio Ramón Ribeyro, Luis Loayza, Oswaldo Reynoso y Mario Vargas Llosa), Carlos Eduardo Zavaleta acaba de cumplir 80 años.

Probando que su energía creadora sigue intacta, nos obsequia una nueva novela corta: "Huérfano de mujer". De hecho, en los últimos lustros, publica más que nunca, con continuos aportes a todos los formatos narrativos, desde el micro-cuento a la novela caudalosa, cultivando preferentemente el cuento (género en el que solo Ribeyro ostenta mayor número de textos magistrales que él) y la novela corta.

En "Huérfano de mujer" puede apreciarse el talento que Zavaleta posee para lo psicológico y, a la vez, para lo histórico-social. Igualmente, ilustra la libertad imaginativa con que reelabora sus experiencias biográficas: su matrimonio con Tita y la muerte de ella después de una larga convivencia, y, de otro lado, el recuerdo del insigne historiador Raúl Porras Barrenechea, maestro superlativo (muerto en 1960, aquí vive hasta hoy). Al respecto, traza vasos comunicantes: don Javier no llegó a casarse ya que murió joven su amada "y él empezó a apartarse de todos, como si fuera un viudo por vocación" (p. 48); o sea, un huérfano de mujer que ayuda a que Claudio sí se case y sea feliz.

Ahora que tantos narradores optan por un lenguaje poco elaborado, conviene detenerse en el cuidado estilístico de las frases de Zavaleta, buen exponente del rigor artístico de la Generación del 50: "Había dejado una silla volcada, una camisa abierta creando, sola, el desorden. Fue como si también su habitación de solitario, pobretón e infeliz, necesitara del amor y de la dignidad de Rosa" (p. 69); "la mañana en que intercambiaban sus ojos, no sólo sus miradas" (p. 73) y "esperando el sueño que sólo llegaba como un desmayo al amanecer" (p. 103). Repárese, además, en la yuxtaposición de la primera y la tercera personas gramaticales, óptica envolvente diversa de la plasmada por Vargas Llosa en "Los cachorros".

ARGUMENTO
La trama principal: el enamoramiento y el matrimonio de Claudio Rojas, un joven provinciano andino, y Rosa (nombre capitalino por antonomasia), una muchacha limeña parecida a Susan Hayward, educada con las pautas tradicionales de una "Lima que se va". Luego, la penosa enfermedad y prematura muerte de Rosa, quien deja a Claudio (en orfandad hogareña desde niño) en un vacío que lo hace sentirse "huérfano de mujer". El hilo secundario: la formación de Claudio como historiador; encuentra en su maestro, don Javier, un sustituto de la figura paterna. Y en el telón de fondo: la evolución de Lima hasta el "desborde popular" de las décadas recientes.

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