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LIMA

Canales de riego de Surco y Huatica se contaminan en Santa Anita y El Agustino

Por Fabiola Torres López

Amanda Robles piensa que su vida sería más saludable si el riachuelo de fétidas aguas que cruza frente a su casa desapareciera algún día del paisaje. Quizá no imagina que, si su deseo se cumpliera, más de la mitad de los parques y jardines de Lima morirían resecos.

La acequia que mira con desprecio la vecina de Santa Anita es el canal de Surco, uno de los brazos del río Rímac que desde tiempos prehispánicos irrigan las tierras que alguna vez fueron un productivo valle y hoy albergan una ciudad con algunos lunares verdes.

Los canales de Surco y Huatica mantienen diez millones de metros cuadrados de áreas verdes públicas y privadas en Lima, indica Carlos Palacios, presidente de la comisión de regantes que administra la distribución del agua a sus 82 usuarios inscritos. Aun cuando estos canales representan las principales fuentes hídricas para el mantenimiento de los parques limeños, son usados como cloacas por la población que vive más cerca de su cauce. Ello ocurre, básicamente, en dos distritos: Santa Anita y El Agustino.

Solo en sus cuatro kilómetros de recorrido por Santa Anita, el canal de Surco recibe los desagües de 356 viviendas con conexiones clandestinas y 10 metros cúbicos de desperdicios sólidos diarios. Esto ha causado que el canal tenga en algunos tramos índices de contaminación superiores a los del río Rímac: 150.000 nmp (número más probable) de coliformes totales por cada 100 mililitros de agua, de acuerdo con reportes de la Dirección General de Salud Ambiental (Digesa). Las fuentes de contaminación están identificadas, pero ni las direcciones de salud ni las municipalidades ni el Ministerio de Agricultura toman acciones para resolver este problema que puede repercutir en la salud pública.

SIRVE A DOCE DISTRITOS
Las municipalidades de Surco y San Borja tratan el agua antes de usarla en sus parques y jardines. En cambio, Ate-Vitarte, Miraflores, San Isidro, Surquillo y El Cercado solo cuelan los residuos sólidos. Pero tan importante como limpiar el agua es techar los 13 kilómetros que permanecen a cielo abierto, lo que facilita que se contamine el canal de Surco, cuyas aguas irrigan las áreas verdes de 12 distritos.

El Ministerio de Agricultura aprobó el techado de 3.090 metros lineales del tramo de Santa Anita mediante la Resolución Administrativa 145-2005, pero funcionarios de la municipalidad de ese distrito afirman que se les ha extraviado el estudio técnico como una forma de justificar su inacción. En Ate-Vitarte, donde hay tramos del canal abiertos a la altura de la Carretera Central, el concejo planifica las obras que se deberán realizar. Mientras tanto, en el asentamiento humano Matazango ya se han iniciado los trabajos de techado con fondos de la comisión de regantes.

LAVADERO DE AJOS
El canal de Huatica, cuyo curso empieza en El Agustino y termina en la playa Marbella, irrigó 12.500 hectáreas de fincas y huertas de la Lima virreinal, pero hoy su influencia se reduce a 70 hectáreas en Pueblo Libre, Magdalena, Jesús María, los parques del Cercado y El Agustino.

En este último distrito, exactamente en la residencial Huancayo y el asentamiento humano Cuarto Programa, los pobladores han levantado los bloques de concreto que cubren el Huatica para usar sus aguas como lavaderos de ajos. Los trabajadores del Servicio de Parques de Lima (Serpar) deben retirar del agua cáscaras de ajos antes de regar los parques de la Exposición y de la Reserva.

La Municipalidad de El Agustino, la comisión de regantes y la Fiscalía de Prevención del Delito realizan intervenciones en las zonas donde se origina la contaminación, pero los pobladores no cambian de conducta. Los usuarios de los canales Surco y Huatica pagan S/.0,03 por cada mil litros de agua que utilizan. Una cifra ínfima si la comparamos con el costo del agua potable: S/.3,2 por cada mil litros. Si el agua de los canales no pudiera ser usada para el riego, el costo económico y ambiental sería altísimo para la ciudad.

ESTÁNDARES SON NECESARIOS
La Ley General de Aguas establece límites bacteriológicos para sus diferentes usos, pero no contempla estándares para el agua utilizada en el riego de parques públicos aun cuando las personas pueden entrar en contacto con ella. El grupo técnico ambiental sobre agua, que integran Digesa y el Instituto Nacional de Recursos Naturales, elaboró una nueva propuesta de estándares de calidad de agua. En ella se diferencian las aguas de uso recreacional de contacto primario (natación y ski acuático) y las aguas de uso recreacional de contacto secundario (otros deportes náuticos y la pesca).

Ana Zucchetti, directora ejecutiva del Grupo de Emprendimientos Ambientales, advierte que aún hay ambigüedad para definir dónde encajan los parques públicos usados con fines de recreación. En los estándares internacionales, el valor límite de coliformes totales recomendable para el riego de parques públicos es de 1.000 nmp por cada cien mililitros.

Fausto Roncal, de la Digesa, reconoce la necesidad de complementar la propuesta. "Es obligatorio complementar la Ley de Aguas, aunque no se ha estudiado el grado de contaminación de los parques y tampoco se han registrado casos de daños a la salud humana por esta fuente", apunta. No hay que esperar que esto empiece a ocurrir.

EN PUNTOS
4 Lima tiene un déficit de más de 5.000 hectáreas verdes considerando el estándar de 8 metros cuadrados por habitante.
4 Los asentamientos humanos Dos de Mayo, Los Álamos y Santa Rosa, en El Agustino, se unieron con la comisión de regantes para techar 432 metros del canal de Huatica.
4 El canal de Ate cruza 7 km y también es usado para el riego de algunos parques de la ciudad.

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