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CONTRACORRIENTE

Noche veneciana en La Punta

Celebraciones de carnaval

Por Gonzalo Galarza

La Punta no es Venecia. Sus calles no desembocan en la plaza San Marcos ni en canales de ensueño que recorren millones de turistas. Pero esta noche sí se le parece mientras la pareja de hermanos Rouillon desfila con sus misteriosas máscaras y sus faldas de color melón por un puente veneciano de utilería. O cuando los esposos Viacava regalan sonrisas con sus sombreros de mercaderes de siglos pasados. O ante la escena de veinte gondoleros yendo rumbo al malecón Figueredo, directo a la edición once de La Noche Veneciana, una ceremonia en la que descendientes de italianos, punteños de nacimiento y pescadores de la zona disputarán a punta de originalidad y fantasía los primeros puestos de tres concursos: Chalanas, Máscaras y Disfraces. Una fiesta que empieza de tarde, con la elaboración de las embarcaciones en la playa Cantolao, y concluye en una velada de canciones italianas y baile.

LA PREPARACIÓN
Las hermanas Lucía y Carla Eslava están pegando las bolsas de plástico a los palos de caña para armar su chalana. A su costado, su prima Brigina Sibille y su amiga Laura Mostaccero cortan cinta adhesiva y tela roja. En unas horas, el deslucido bote azul terminará convertido en El Zapato de Arlequín y saldrá al mar a disputar el primer lugar con otras 4 chalanas. Las hermanas Eslava y su prima debutan en este certamen. Laura, en cambio, participa por tercera vez .

--¿Ganan?

--Por lo que veo hasta ahora sí --dice Laura Mostaccero.

Metros más allá, sobre las piedras de la orilla, Luis Ferreyra culmina algunos detalles de su embarcación, a la que ha bautizado como La Reina Cleopatra. Ferreyra ha saboreado el triunfo en una edición pasada de La Noche Veneciana. Esta es la primera vez que compite acompañado por su esposa, quien será la famosa soberana de Egipto. Él será su esclavo. "Estoy contento por lo hecho. Espero que al final de la noche dé sus frutos", dice Ferreyra.

--¿Cómo nos vamos a llamar? --pregunta Marco Corrochano, cuya embarcación sigue la misma temática egipcia: a un costado resalta la imagen de un faraón.

Corrochano navega por su imaginación en busca de algunos nombres. De pronto grita emocionado: "¡Anatsunamun!". Entonces empieza a hacer referencias a películas como "El Rey Escorpión" y anuncia confiado: "Viajaré guiado por el faraón en las aguas del Nilo". No queda claro el origen exacto del nombre, pero eso no es lo importante. De ganar, Corrochano se coronaría campeón por tercera vez.

Minutos después aparecen la familia Navarro y Jorge Morales cargando una pirámide donde podrían dormir los cinco miembros de su equipo cómodamente. Les ha tomado cuatro días de intenso trabajo acabarla.

--Ustedes sí que han trabajado --se ríe Corrochano.

Luego dirá que la altura de la pirámide podría hacer que se voltee la embarcación. A él le pasó lo mismo cuando participó junto con unos amigos con El Castillo de Camelot. Sin embargo, los Navarro están seguros de salir airosos. Apelan a la experiencia de tres de ellos en la pesca artesanal y al conocimiento de las corrientes de la playa Cantolao.

Quienes sí no tienen mayor experiencia en estos encuentros son los integrantes de la chalana El Circo Punteño. Franco Ferrari, uno de los miembros más entusiastas de este equipo, se ha inscrito con sus amigos luego de venir por varios años a esta tradicional fiesta de La Punta, donde vive desde niño. A su costado, su madre, Dora de Ferrari, lo ayuda a colocar los globos. "Parece la bandera del Tahuantinsuyo", grita alguien. La carpa de tela que cubre el bote es una de las más coloridas. Unos focos amarrados en su interior resaltan su gracia en medio de la noche. Es la hora de disfrazarse y entrar al agua.

LA FIESTA
El concurso de chalanas es el más antiguo de los concursos de La Noche Veneciana. Realizado por primera vez en 1965, por los cincuenta años de la creación de La Punta como distrito, no se repitió hasta la década de los noventa. Pero es desde el 2003 que mantiene una continuidad anual que alegra a los vecinos, quienes asisten vestidos a la usanza del carnaval veneciano. Los concursos de máscaras y disfraces, incorporados luego a la tradición, completan el ambiente.

Aquí prima la creatividad. No interesa a qué ritmo remen los participantes. La idea es que naveguen unos cincuenta metros, sin que se voltee la embarcación, hasta llegar al muelle donde está el jurado. Luego, descenderán y desfilarán hasta llegar a una plaza decorada con puentes, canales, torres y otros motivos venecianos. Las primeras en ser empujadas al mar son las chicas de El Zapato de Arlequín. Luego siguen La Reina Cleopatra, La Pirámide del Faraón, Anatsunamun y El Circo Punteño. Por un momento, el pronóstico de Corrochano está por convertirse en realidad: La pirámide de los Navarro se inclina hacia un costado y está a punto de caer. Pero mantiene el equilibrio y llega al final.

Ahora, todos se dirigen a esperar el ingreso de los concursantes. La música de Yuri Eslava invita a una noche mágica. Algunos niños observan maravillados a las contorsionistas. Ya no importa mucho quién gane. Ni qué máscara o qué disfraz se coronen vencedores. Importa que La Punta se parezca a Venecia. Y por esta noche parece.

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