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FRENTE AL AUGE ASIÁTICO

El enigma latinoamericano

Por Rodrigo Botero. Ex ministro de Hacienda de Colombia

Acaba de publicarse un libro que documenta el surgimiento económico y tecnológico de las potencias asiáticas y proyecta las implicaciones que ese fenómeno tendrá para las relaciones de poder a escala internacional ("The New Asian Hemisphere: The Irresistible Shift of Global Power to the East", Kishore Mahbubani, Public Affairs, New York, 2008).

El autor es un diplomático y académico de Singapur que dirige la escuela de políticas públicas en la universidad nacional de esa ciudad-estado. Con el tono celebratorio y triunfalista que caracteriza a la élite intelectual de Singapur, Mahbubani visualiza una redistribución del poder mundial a favor del Asia y en detrimento de las potencias occidentales.

Desde la perspectiva asiática, el nuevo orden internacional tendría que reconocer la decadencia de Occidente, al menos en términos relativos. No obstante esa predicción, Mahbubani atribuye el éxito económico asiático a la adopción de lo que él llama los siete pilares de la sabiduría occidental. Estos pilares son: la economía de mercado; el imperio de la ley; una cultura de paz; pragmatismo; ciencia y tecnología; educación; y meritocracia. En su opinión, la aplicación de estos conceptos por parte de Singapur y China explica el formidable avance que han alcanzado en la marcha hacia la modernidad.

El ingrediente que tanto Singapur como China le han agregado a la sabiduría occidental es el autoritarismo. La modernización con mano férrea tampoco es original. Es la versión actualizada del fenómeno europeo del siglo XVIII conocido como despotismo ilustrado, por medio del cual se promovieron reformas dentro del contexto de la monarquía absoluta. Carlos III de España, Catalina la Grande de Rusia y Federico el Grande de Prusia practicaron ese estilo de gobierno. Lee Kwan Yew de Singapur y los dirigentes del partido comunista chino son los protagonistas contemporáneos del despotismo ilustrado. Los ideólogos del modelo asiático de desarrollo justifican la carencia de libertades democráticas con altas tasas de crecimiento económico que han sacado de la pobreza a centenares de millones de personas.

La interrogante que surge de la experiencia asiática es: ¿Por qué los países latinoamericanos no han sabido aprovechar los ingredientes occidentales de la modernidad? Una posible explicación es que la región no tuvo un país pionero de la modernización que sirviera de ejemplo a los rezagados, tal como sucedió en el Asia con Japón. Japón sirvió de modelo para Singapur y los denominados tigres asiáticos. La experiencia de Hong Kong y Singapur motivó el abandono de la planificación central en China.

A falta de un modelo exitoso propio, la región tuvo el infortunio de haber importado dos modelos fracasados: el fascismo italiano en la década de los cuarenta, gracias a la Argentina de Perón, y el colectivismo soviético en la década de los sesenta, cortesía de la Cuba de Castro. Ambos modelos conducen a un callejón sin salida.

América Latina perdió un tiempo precioso para integrarse a la economía internacional por cuenta de las teorías de la dependencia y el comercio empobrecedor. Cuando parecía que el reformismo democrático empezaba a adquirir vigencia en la región, Hugo Chávez decidió reciclar el modelo cubano bajo el rótulo de 'socialismo del siglo XXI'.

Además del inmenso daño que le ha hecho a Venezuela, Chávez dispone de los recursos que le permiten extender ese modelo a los países que han caído bajo su influencia.

El régimen venezolano representa el rechazo de los valores occidentales acogidos por el Asia. Colectivismo en vez de economía de mercado. Dogmatismo ideológico en vez de pragmatismo. Arbitrariedad en vez de imperio de la ley. Amiguismo en vez de meritocracia. Oscurantismo en vez de ciencia y tecnología. Adoctrinamiento en vez de educación. Belicismo en vez de una cultura de paz.

Si un genio maligno se hubiera propuesto diseñar un esquema intelectual para hacerle daño a América Latina, le habría sido difícil encontrar una fórmula más adecuada para aumentar la pobreza y perpetuar el atraso.

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