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Recordamos a la mejor actriz de la historis del cine estadounidense

Bette al desnudo.

A CIEN AÑOS DE SU NACIMIENTO

Por Alberto Servat

Bette Davis es un nombre que, con solo pronunciarlo, nos evoca un conjunto de las más diversas emociones. Por un lado, es la malvada por excelencia, capaz de convertir en un infierno la vida de quienes la rodean. Pero, por otro, también es la mujer apasionada que sacrifica todo por amor; la fiera que no cede un ápice incluso cuando está acorralada; la amiga fiel, celosa guardiana de los secretos extremos; y la más aterradora criatura, prisionera del odio.

Nació con el nombre de Ruth Elizabeth Davis el 5 de abril de 1908 en Lowell, Massachusetts. Criada por una madre increíble, Bette habría de perseguir el estrellato con absoluta certeza de que habría de ser la número uno. En el cumplimiento del deber sacrificó todo y aceptó con valentía el mayor obstáculo que podía tener entonces una aspirante a actriz: la falta de belleza.

Ya convertida en una leyenda viva, siempre supo que nada es seguro en el espectáculo y luchó batallas en cada momento de su carrera. Infeliz en el amor, tras cuatro matrimonios catastróficos, Bette comprendió que habría de envejecer sola. Lejos incluso de sus hijos --dos de ellos adoptados--, que tampoco le devolvieron el cariño y la devoción. Murió lejos de su hogar, en Francia, tras recibir un premio honorario en el Festival de San Sebastián en 1989. "Seguramente subastarán mis pestañas postizas", comentó, irónica, alguna vez.

Más información:
"Lo hizo de la manera difícil"

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