La noticia es lamentable pero, como se dice, estaba cantada. Desde 1942 --hace 66 años, amigo lector-- El Comercio ha reportado el peligroso asentamiento de viviendas en las riberas del río Rímac.
Solo desde 1990 a la fecha, un total de 76 noticias vinculadas a los riesgos y accidentes en estas zonas vulnerables han sido publicadas en nuestras páginas.
Hace solo un mes, el 3 de marzo último, este Diario advirtió que sucesivas gestiones edilicias habían alentado la consolidación de los asentamientos humanos en las riberas y que algunos ostentaban certificados de posesión y hasta pagaban autovalúo y arbitrios.
¿Cómo es posible que habiendo tres normas en nuestro país que prohíben la ocupación de las riberas, 320.000 personas vivan en zonas vulnerables de la cuenca del Rímac, 33.000 a lo largo del Chillón y 5.000 en Lurín?
¿Cuántos Jhon Garay deben morir para que nuestras autoridades se decidan, por fin, a reubicar a estas familias que viven en permanente riesgo? ¿Cuántos?