CENTENARIO Bette Davis
LA ACTRIZ MÁS EMBLEMÁTICA DEL CINE ESTADOUNIDENSE HABRÍA CUMPLIDO 100 AÑOS HOY ELLA SUPO IMPONERSE CON UN FÍSICO 'INADECUADO' EN LOS PAPELES MÁS SORPRENDENTES
Por Alberto Servat
Si uno se acerca a la tumba de Bette Davis en el cementerio de Los Ángeles, encontrará una inscripción en su lápida: "Lo hizo de la manera difícil". Y es cierto. Para Bette Davis nada fue fácil: ni su carrera ni la vida familiar ni mucho menos los romances. Incluso las finanzas le jugaron duras pruebas. Su peor enemigo, sin duda, fue su propio carácter. Y pese a todo este panorama fue la más grande.
PRINCIPIANTE
Hija de padres divorciados, Ruth Elizabeth Davis quería ser actriz. Pero no todos pensaban que era adecuada para ello. En Nueva York fue rechazada por la academia de Eva Le Gallienne y debió conformarse con escuelas menos prestigiosas. Su debut en Broadway no llamó la atención de nadie, salvo de un cazatalentos que decidió contratarla para hacer películas en California con el sello Universal.
Sin muchas ilusiones pero con ganas de trabajar, Ruth Elizabeth --quien ya había adoptado el nombre de Bette-- se embarcó hacia Los Ángeles. Allí se sorprendió de que nadie la recibiera en la estación del tren y luego se supo que el encargado de hacerlo había dejado su puesto porque "nadie con apariencia de estrella de cine había aparecido".
Bette Davis no era bella. No de acuerdo con las exigencias de su tiempo. Una frente amplia, ojos dominantes y excesivos, nariz irregular y una sonrisa irónica difícilmente tenían que ver con las grandes diosas de la pantalla. Así que la Universal la encasilló en papeles segundones sin mayor oportunidad hasta que la cedieron a la Warner. Allí el actor George Arliss decidió darle un papel clave en "The Man Who Played God" (1932). Las cosas comenzaron a mejorar.
LA REVELACIÓN
Pero la Warner tampoco estaba decidida a ofrecerle mejores papeles a una desconocida Bette Davis. Por lo que no dudó en prestarla a la RKO para que interpretara a la desagradable Mildred en "Servidumbre humana" (1934), junto con Leslie Howard. La actriz entendió de inmediato que esa era su gran oportunidad. E interpretó a Mildred con sangre, sudor y lágrimas. Entonces, sucedió el milagro. De la noche a la mañana todos hablaban de la nueva actriz, inclasificable de aspecto, pero extraordinaria en el drama. Y aunque la Academia no le concedió una nominación al Óscar, sucedió algo irrepetible en su historia: los votantes escribieron el nombre de Bette Davis en sus respectivas cédulas.
Jack L. Warner comprendió que tenía en su nómina a un talento especial. Decidió ofrecerle mejores papeles y así lo hizo. De manera que, al año siguiente, Bette obtuvo su primer Óscar por "Peligrosa" (1935). Este drama algo artificial sobre el alcoholismo no es de sus mejores películas, pero la Academia intentó corregir su omisión anterior.
MALVADA DE OFICIO
Hacia 1950 Bette Davis era una actriz admirada en el mundo entero. Sus dramas, principalmente aquellos en los que interpretaba a mujeres difíciles o a villanas sin corazón, se convirtieron en los favoritos de todos los públicos y nadie discutía ya su grandeza como intérprete.
Sus detractores señalaban que era una actriz excesivamente amanerada, incansable a la hora de llamar la atención para robarle la escena a sus coestrellas. Y si uno observa con detenimiento sus películas, así es. Pero eso sucede cuando el director no es el adecuado.
Basta ver las películas que realizó bajo las órdenes de William Wyler --uno de sus amantes en aquella época-- para no encontrar reproche alguno. Todo lo contrario, allí está la mejor actriz estadounidense de todos los tiempos: "Jezabel" (1938), "La carta" (1940) y, principalmente, "La loba" (1941) lo comprueban.
Así, cuando Joseph L. Mankiewicz le dio el papel de Margo Channing en "All About Eve" (1950), ya era una actriz consumada. Había pasado triunfal por todos los registros, siempre al borde del exceso y siempre genial. Pero al igual que Margo, Bette Davis se sentía insegura por la edad y por la aparición de nuevos talentos, casi todos provenientes del Actor's Studio de Nueva York.
MONSTRUO SAGRADO
Pocas actrices de Hollywood han aceptado con mayor estoicismo el paso de tiempo, el cambio de la moda y las exigencias del público como Bette Davis. Cuando Robert Aldrich le ofreció uno de los papeles estelares en "¿Qué fue de Baby Jane?" (1962), las dudas la asaltaron. Pero no porque se tratara de un filme de terror y suspenso en el que debería interpretar a una anciana enloquecida, sino porque habría de compartir la pantalla con una rival de siempre: Joan Crawford.
Bette venció sus temores y se enfrentó con valentía a un reto que cambiaría por siempre su imagen frente al mundo. A partir de "Baby Jane", Bette sería sinónimo de horror.
GENIO Y FIGURA
Poco después del éxito de "¿Qué fue de Baby Jane?" apareció un aviso en la revista "Variety" que desató las habladurías de toda la industria: "Actriz busca empleo. Madre de tres hijos: 10, 11 y 15 años. Divorciada. Estadounidense. Treinta años de experiencia en el cine. Capaz aún de moverse y más afable de lo que dicen los rumores. Desea empleo estable en Hollywood (estuvo ya en Broadway). Bette Davis. c/o Martin Baum G. A. G.".
Bette Davis está acabada, señalaban algunos. Otros celebraron la ocurrencia de la llamada primera dama del cine. La realidad era distinta: Bette se sentía realmente desplazada por el nuevo sistema de producción. Y, de otro lado, también quería dar una lección de humildad a sus colegas. Si necesitaba trabajo, debía buscarlo.
Era difícil para una mujer de su edad volver a interpretar aquellos melodramas sobre fascinantes heroínas nacidas por y para el amor. Solamente el cine de terror y suspenso le ofrecía buenas oportunidades y volvió a aceptar una oferta de Aldrich, pero esta vez con la condición de no trabajar con Crawford. El resultado habría de ser "Hush... hush, Sweet Charlotte" (1964), cinta en la que apareció junto con una antigua amiga: Olivia de Havilland.
Pese al nuevo éxito, Bette Davis no sentía confianza en su lugar dentro del nuevo Hollywood. Pero tenía pocas salidas. Broadway no le ofrecía ninguna porque sus intentos por hacer teatro habían vuelto a fracasar en los años 50, con 90 representaciones de "Two is Company" (1953), y tras el accidentado montaje de "La noche de la iguana" (1961), de Tennessee Williams.
De manera que fue en la televisión, aceptando incluso papeles de actriz invitada en las más diversas teleseries, donde encontró el trabajo duro y constante que le permitió seguir al frente de su familia.
La lección que dejó Bette Davis es que una actriz es como un obrero. Debe estar siempre en actividad, aceptar todas las formas expresivas y ser capaz de enfrentar los fracasos extremos. Solamente así, pensaba, será capaz de tener las herramientas para construir una leyenda.
FILMOGRAFÍA ESCENCIAL
1932 "Cabin in the Cotton", de Michael Curtiz
1934 "Servidumbre humana", de John Cromwell
1935 "Peligrosa", de Alfred E. Green
1936 "El bosque petrificado", de Archie Mayo
1937 "Mujer marcada", de Lloyd Bacon
1938 "Jezabel", de William Wyler
1939 "Amarga victoria", de Edmund Goulding
1939 "La solterona", de Edmund Goulding
1939 "The Private Life of Elizabeth and Essex", de Michael Curtiz
1940 "All This and Heaven Too", de Anatole Litvak
1940 "La carta", de William Wyler
1941 "The Great Lie", de Edmund Goulding
1941 "La loba", de William Wyler
1942 "Now, Voyager", de Irving Rapper
1943 "Vieja amistad",de Vincent Sherman
1944 "Mr. Skeffington", de Vincent Sherman
1946 "A Stolen Life", de Curtis Bernhardt
1949 "Beyond the Forest", de King Vidor
1950 "All About Eve", de Joseph L. Mankiewicz
1952 "Phone Call from a Stranger", de Jean Negulesco
1952 "The Star", de Stuart Heisler
1955 "The Virgin Queen", de Henry Koster
1956 "The Catered Affair", de Richard Brooks
1961 "Poicketful of Miracles", de Frank Capra
1962 "¿Qué fue de Baby Jane?", de Robert Aldrich
1964 "Dead Ringer", de Paul Henreid
1964 "Hush... hush, Sweet Charlotte", de Robert Aldrich
1965 "The Nanny", de Seth Holt
1968 "El aniversario", de Roy Ward Baker
1987 "Las ballenas de agosto", de Lindsay Anderson