Crónica ARTE DESPUÉS DE LA VIDA Jesús Venero regresa con sus impresionantes esculturas a deleitar a todos los cusqueños, y al mundo en general, en una muestra que los dejará petrificados, con escalofríos
Por Renzo Guerrero de Luna
En medio de su taller en Calca, Jesús Venero lucha por darle vida a la muerte. Decenas de huesos descansan sobre su mesa de trabajo a la espera de ser seleccionados para formar parte de su próxima obra de arte. No es fácil, pueden pasar años hasta encontrar la pieza indicada. Por eso, Jesús no se desespera, por el contrario, se da tiempo para retomar la pintura, su primera pasión, y para terminar aquella novela que por fin tiene un punto final. Y es que después de más de 40 años como artista sabe que la receta para mantenerse vivo y con el esqueleto firme es disfrutar de lo que uno hace, "hacer su trabajo con felicidad y entusiasmo".
La obra de Jesús Venero es fascinante. Deslumbrado frente a "El Quijote", su trabajo insignia con más de 8 mil huesos de distintos tamaños y formas, y 15 años de dedicación, uno valora aun más lo que hace este artista cusqueño, más allá del toque mágico que tiene para embellecer restos óseos y colocarlos en vitrina, en lugar de guardarlos bajo tierra.
"Cuando me llegan huesos recién comienza el proceso, mas no la obra. Tengo que cuidar este material porque no es madera ni metal, es una pieza única y natural que la uso sin variación. La idea es darle espiritualidad al trabajo", sostiene y pierde su mirada en una escultura que está recuperando, "Viajando en las aguas". El violinista, personaje principal de dicho retrato animado, lo mira en silencio.
La pasión por los huesos lo ha llevado a conocer la anatomía de los animales, por eso cuando encarga un ave de la selva o algún exótico pez de la costa, ya sabe exactamente qué parte del cuerpo necesita, quizá para un pecho atlético o una espalda jorobada. Eso ocurrió con las patas de "Rocinante", el caballo del hidalgo de La Mancha. Dos años tuvieron que pasar para que completara la obra, debido a que no encontraba las piezas idóneas. Cuenta la anécdota de cómo la terminó: "Necesitaba dos huesos de un perro grande, cualquiera. Así, 24 meses, me avisaron que había muerto un perro en la carretera. Nadie lo reclamó y me fui al campo con el carnicero para descarnarlo. Lo curioso es que una señora nos vio y puso una denuncia en la comisaría porque pensaba que comercializábamos con esa carne. Luego todo se aclaró, pero igual ahora tengo más cuidado", precisa.
Hoy por hoy, Jesús Venero, quien estuvo retirado por varios años de las exposiciones, vuelve con sus obras de huesos al Museo El Quijote, de la Ciudad Imperial (San Agustín número 275), donde además, junto con los mejores artistas cusqueños de los últimos años, exhibe algunos cuadros. "El tiempo es mi mayor enemigo, por eso tengo que enfrentarme a él con más y más trabajo, desde que amanece hasta que se me caen los párpados", refuta emocionado, y su hija Ivana, su más fiel admiradora, lo abraza. Don Jesús muestra la mejor de sus sonrisas y añade: "Me gusta que reconozcan mi trabajo, pero prefiero que me quieran por lo que soy, y eso encuentro en mi querido valle, aquí en Calca".