En 1982 Bruce Springsteen sorprendió a medio mundo cuando (después de una sucesión de discos llenos de recargados arreglos instrumentales y líricos) puso a la venta "Nebraska", un LP en el que se deshizo de su banda de apoyo para cantar y grabar acompañado únicamente por su guitarra acústica; una elección estilística que resultó más que acertada para los temas de muerte e iluminación que poblaban las canciones de la placa. Creo que algo similar ocurre con "El libro de Dios y de los húngaros", poemario de Antonio Cisneros que acaba de reeditar Tranvías Editores para su serie documenta.
Publicado por primera vez en 1978, "El libro de Dios y de los húngaros" llegó a librerías luego de tres memorables obras del poeta peruano: el fundacional "Canto ceremonial para un oso hormiguero", el lúdico "Agua que no has de beber" y el experimental "Como higuera en un campo de golf", todos elogiados con unanimidad y justicia por la crítica local y extranjera. Lo sorpresivo de "El libro de Dios y de los húngaros" es que en él Cisneros renunció al estilo que lo había consagrado en los libros anteriores (el cruce de distintas voces poéticas, las citas cultas, los guiños a la cultura pop y los astutos juegos de lenguaje) para apostar por una voz llana, clara, transparente, que al final resultó profundamente adecuada para escribir sobre su reencuentro con la fe y los fantasmas de amigos y maestros muertos que pueblan el libro. Se trata de una obra (quizás la 'mayor' de Cisneros) que solo ha sabido rejuvenecer con el paso del tiempo. En buena hora.