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Crónica CRIMEN EN MANZANILLA Amante de los juegos de computadora, distante, silencioso y cortés. Esta es la imagen que se tuvo de Josafat Vargas Vitorino (32) antes de que violara y asesinara a una niña de 9 años

La culpa viaja dentro de una valija

Por Alberto Villar Campos

Aficionado a MU, un juego on line en el que la fantasía puede llegar a insospechados extremos, asiduo a una parroquia donde ahora se guarda silencio sepulcral, Josafat Vargas Vitorino (32) llegó a la comisaría de Apolo, en La Victoria, y narró con inconcebible frialdad el crimen que horas antes había cometido. "Me arrepiento, sí, pero en el momento en que pasó todo sentí odio", diría horas después de que la policía encontrara la maleta en la que había escondido el cuerpo de una niña de 9 años. Aquella mañana del 27 de marzo, cuando todo parecía consumado dentro y fuera de su cabeza, nadie, sin embargo, pareció creerle. Él continuó:

"--Presioné su cuello con fuerza hasta que se desvaneció. Luego, cogí una toalla y una bufanda y até sus brazos y piernas, y la introduje en la maleta. Tres horas después, sentí un olor fuerte. Entonces tuve que rociarle perfume..."

UNA CASA TOMADA
Ubicada en un complejo habitacional de la urbanización de Manzanilla, en Cercado, la casa del homicida muestra hoy los restos de una ira colectiva: ventanas con los vidrios rotos, una abollada puerta de fierro y recibos de agua y de luz sin recoger.

Ha pasado más de una semana del frustrado intento de venganza por parte de sus propios vecinos y la realidad es ahora otra. No son pocos los que dicen ignorar quién es ese hombre que un día salió en las noticias porque mató a una niña. Otros optan por recordarlo como un tipo silencioso, distante pero cortés. "Hace meses, en un parque de por aquí, lo vi abofetear a su enamorada --dice E.R., sin embargo--. Y no una vez sino varias y en el día, frente a todos".

Aunque la suya parece más bien una biografía colmada de interrogantes, hoy es posible saber algo más de él con la manifestación que dio a la policía cuando se entregó. Es posible saber, por ejemplo, que pasaba varias horas del día inmerso en MU, un juego de aventura medieval que permite crear personajes al gusto del usuario y célebre porque en él se realiza un comercio desmedido de joyas y armamento virtual. Hay personas que ofrecen estos objetos fantásticos en páginas web. En el Perú, un conocedor del juego puede llegar a ganar como mínimo S/.400 por este tipo de negocios.

Josafat era uno de ellos y, según su versión, fue un frustrado intento de negocio el desencadenante del crimen. "Tocaron la puerta varias veces y yo bajé y la vi --dijo, refiriéndose a la tarde del 26 de marzo--. No la conocía, y le cerré la puerta. Me había desconcentrado. Cuando volví a mi computadora, el negocio se me había ido de las manos. Entonces, bajé y, como aún estaba allí, la tomé por el cuello y la obligué a ver en el monitor... lo que me había hecho".

Luis Zapata, ex decano del Colegio de Psicólogos del Perú, explica que su actitud es propia de un trastorno de psicopatía. "En aquel momento tuvo una carencia de control emocional, un descontrol en sus impulsos", señala, tras recalcar que, a diferencia de lo que se creyó al inicio, Josafat sí tuvo plena consciencia de sus actos.

Para Zapata, el perfil de Vargas Vitorino es el de un hombre con poca autoestima, carencia de habilidades sociales (lo que se traduce en su incapacidad para relacionarse con su entorno) y una pobre inteligencia emocional. "Hay una falta de empatía para ponerse en el lugar del otro. La suma de todo ello lo coloca en una condición de extremar sus comportamientos hasta el crimen", subraya.

SECRETO Y CONTRADICCIÓN
Cuando confesó, Josafat se aseguró de pasar por alto un hecho sobre el que desde el primer momento se tuvo presunciones. Él no solo había asfixiado a la menor hasta la muerte, también la había violado. Esto lo confirma Luis Bromley, jefe del Instituto de Medicina Legal.

Pero este no sería el único hecho que obviaría en su confesión. Josafat dijo haber aplicado un mínimo de violencia en la menor, pese a que en el acta de levantamiento del cadáver se indicó que este presentó golpes y hematomas.

"--¿Qué hizo en las horas siguientes a la muerte de la niña?" --interrogaron los investigadores--.

"--Imaginaba lo que le diría a mi madre y mi hermano una vez se enteraran de lo ocurrido..."

Con frialdad, el homicida iba engendrando un profundo sentimiento de culpa que acabó por demolerlo. Silvia Rojas es psicóloga forense de la División de Escena del Delito de la policía y explica que en las personas que padecen trastornos esquizoides, el aislamiento y la pasividad son una constante. "Si los agreden, ellos no responden, pero lo van guardando", sostiene.

¿Por qué decidió violarla? "Tal vez en su caso haya tenido una latente represión sexual --añade la experta--. Pudo haber tenido enamorada, pero quizá fuera ella y no él quien decidiera cuándo o no tener relaciones".

En apenas minutos, Josafat Vargas Vitorino descubriría así años de resquebrajamiento emocional. Y luego se arrepentiría. "Un niño que comete un error intenta esconderlo. Los sentimientos de culpa son fuertes, por lo mismo que son conscientes de lo que hicieron. Eso mismo pasó con el asesino", explica Zapata.

Vargas Vitorino dijo no haber podido dormir la noche después del crimen. Deambuló por Lima, entró en una cabina de Internet, trató, incluso, de dejar la maleta en casa de un amigo, pero la culpa fue más fuerte que todo. Con el amanecer del 27 de marzo se cerró, inclemente, la incertidumbre.

Antes de ser trasladado al penal de Lurigancho, donde posiblemente pasará el resto de su vida, Josafat --que en hebreo quiere decir "Yavé juzga"-- dijo: "Voy a escribir un libro de todo lo que ocurrió. Cómprenlo, el dinero que recaude será para los deudos".

Todo --pero sobre todo una pequeña vida-- se había extinguido ya para entonces.

QUÉ DICE LA LEY
4
El artículo 173 del Código Penal señala como sanción la cadena perpetua si una persona viola a un menor de 14 años y luego le produce la muerte o una lesión grave.
4Asimismo, el artículo 108 establece una pena privativa de libertad no menor de 15 años a quien asesine a otro por ferocidad, lucro, placer, para facilitar u ocultar otro delito, con crueldad o alevosía, etc.

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