Por Francisco Melgar
"Núcleo", el primer disco de TK tras el rompimiento de la banda peruana con su antiguo cantante Diego Dibós, es casi un ejercicio de ostentación acerca de la capacidad que la renovada agrupación (ahora liderada por Emilio Pérez de Armas) tiene para interpretar temas de formato pop en clave de rock contemporáneo.
Después de la primera canción, "Mínima arenosa", un rap-metal con un inesperado solo de órgano Hammond antes del final, pasamos a tres canciones de lujoso acabado que, con diferentes velocidades, recuerdan algunas fórmulas usadas por el ex Nacha Pop Antonio Vega en su etapa solista (claro, sin el vuelo poético ni la profundidad vital que la historia personal de Vega le añade a sus torturadas canciones), para luego, a punta de guitarras distorsionadas, regresar al formato rock pesado con "Premeditado".
Esta fórmula intermitente parece repetirse en el resto del disco: los arreglos profesionales, las correctas interpretaciones instrumentales, la producción de lujo se exhiben constantemente, pero en demérito de una visión personal, ya que las letras no esconden sorpresas ni insospechadas vueltas de tuerca, sino más bien un constante lugar común de palabras e imágenes para contar historias de dulce desamor, terco optimismo y sospechosa traición. Se trata de una buena lección de profesionalismo y dedicación que pudo esconder una mayor sustancia en su interior.