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POR MÁS INVERSIÓN Y SIN CÁLCULOS ELECTORALES

La Costa Verde a la deriva

Por Jorge Ruiz de Somocurcio. Arquitecto urbanista

A mediados del siglo pasado Lima era una ciudad sin playas, con excepción de los baños de Barranco, Chorrillos y La Herradura. Hacia los 60, el arquitecto Ernesto Aramburú Menchaca recrea la idea de ganarle terreno al mar y dar forma a un borde playero para Lima denominado Costa Verde. Para el efecto, todo el suelo que salió de la excavación para hacer la Vía Expresa se convirtió en el relleno que originó las playas de Miraflores, San Isidro y Magdalena hasta la fecha.

La Costa Verde no es un espacio natural, como sí lo son los acantilados. Es un ámbito artificial, aún a medio hacer, que puede ser el gran espacio público y paisajista, conexión de Lima con el Callao, y con algunas intervenciones privadas de calidad que generen servicios y negocios inmobiliarios para el público. Este es un proceso que ya lleva más de 30 años de lento avance, porque la inversión pública ha sido insuficiente y la privada de menor cuantía y puramente especulativa. Esencialmente, se ha consolidado el frente inmobiliario en la zona superior, pero se viene perdiendo la zona inferior.

Poner en valor la Costa Verde de acuerdo al Plan Maestro aprobado en 1995 y la nueva Visión Urbanística del 2007 demandará una inversión que puede bordear los US$400 millones, que el sector público no tiene. El desafío es cómo provocar una alianza virtuosa público-privada para que la Costa Verde deje de ser el terral que es y permita reposicionar Lima como la única capital sudamericana con borde marítimo y turístico.

Hasta el momento la inversión privada local y extranjera ha presentado, desde hace un año, diferentes iniciativas de inversión en los distritos de Magdalena, San Isidro y Miraflores, en un proceso hasta ahora casi desconocido por la opinión pública, muy diferentes a las de Barranco. Son inversiones coordinadas con las municipalidades y los vecinos, y que están a la espera de la reglamentación de la Costa Verde. Bordean los US$250 millones y permitirán transformar la Costa Verde, con inversión en playas, malecón superior e inferior, servicios, vía costanera, ciclovías, miradores, parques deportivos y ecológicos y hoteles, que tendrán un innegable impacto político y urbanístico.

Sin embargo, inexplicablemente, hace unos días el alcalde de Lima convocó a los alcaldes ribereños para anunciarles que toda la inversión privada o distrital en la Costa Verde quedaba desautorizada. Que la Municipalidad de Lima ofrecía invertir en el arreglo de la vía, un malecón y, por supuesto, escaleras amarillas, dando un mensaje absolutamente irrespetuoso hacia los alcaldes, los vecinos, los inversionistas y el propio Instituto Metropolitano de Planificación (IMP), designando a dedo a los nuevos "responsables" técnicos, echando por la borda sus propios estudios en los que ha invertido más de S/.1 millón en los últimos 18 meses. Es decir, la Costa Verde seguirá siendo un terral durante los próximos años y hasta nuevo aviso, y el APEC, como escenario de inversión, totalmente desperdiciado.

Todo esto forma parte del sincretismo con que se manejan las decisiones y las inversiones metropolitanas. Corresponde al Gobierno nacional, quien creó mediante ley la Autoridad del Proyecto Costa Verde, en 1994, dar por terminadas sus funciones y aprobar una nueva autoridad acorde con los tiempos y las demandas de la ciudad, en la que se incorporen al Callao, la Marina, el Conam, Pro Inversión y la sociedad civil a través de los colegios de arquitectos e ingenieros y, por supuesto, los alcaldes.

La Costa Verde es de todos los peruanos y no de los cálculos políticos y electorales de turno.

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