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La pregunta suelta en el limbo de las revisiones técnicas

Por: Juan Paredes Castro |

La Municipalidad de Lima ya se desentendió del problema de las revisiones técnicas en la capital y espera sobrellevar judicialmente los pasivos que le quedan, mientras el Gobierno, al asumirlo enteramente en el ámbito nacional, no sabe en qué se ha metido y si lo sabe no debería demorarse mucho en decirlo.

Si queremos darle al Gobierno el beneficio de que, efectivamente, sabe en qué se ha metido, tendría este que ganar el mejor tiempo posible de sus próximos consejos de ministros para trabajar, con Verónica Zavala a la cabeza, el par de objetivos que el país necesita conocer para empezar a construir su confianza o su decepción, según como vengan las cartas.

El par de objetivos es muy sencillo, aunque arrastre toda una complejidad de decisiones.

De un lado, establecer desde ahora un límite muy claro y firme entre el parque automotor que definitivamente ya no debe circular y aquel otro que sí y a cuyo servicio y en tamaño distinto (por el descarte anterior) tendrán que estar las revisiones técnicas.

De otro lado, asegurar parámetros de seguridad vial en los que la frase "tolerancia cero" tenga penalidades capaces de poner lívido al más cínico de los transportistas y fuera de circulación a la corruptela que se mueve dentro y alrededor del negocio de los buses y las rutas.

El Gobierno cometería un grave error al embarcarse en un sistema de revisiones técnicas sin estos parámetros de profundo rigor previo. Tampoco se trata de que prefiera pecar de omisión y mirar al techo hasta el 2011. El país ya no resiste más el viejo parque automotor que circula envenenándolo todo, ni la inseguridad vial que riega de prepotencia y sangre las pistas ni la vacilación gubernamental para acabar de una vez con las estructuras de corrupción que mueven las licencias de los buses-camión y amparan la impunidad de los controles.

Las revisiones técnicas que se instalen en el futuro, por modernas y bien equipadas que sean, no podrán darse abasto si el parque automotor de ahora no sufre una gruesa amputación y si Transportes y Comunicaciones no pone de vuelta y media a los empresarios y operadores de buses, camiones y taxis y, sobre todo, a su burocracia ineficiente y, en muchos casos, corrupta.

No pensemos, pues, en revisiones técnicas sin hacer lo que hay que hacer: poner por delante los reales objetivos que queremos lograr con las revisiones técnicas, sin engañarnos más, y lo que tiene que venir después: una buena administración.

O sea, que no se nos vuelva a ocurrir nunca más la pretensión de instalar un sistema de revisiones técnicas para que pase por él todo el parque automotor de Lima y el resto del país, el obsoleto y el nuevo. Inclusive este, en tanto dure su garantía, debería estar liberado.

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