ANÁLISIS ECONÓMICO
Por Fritz Du Bois
En nuestro país, cuando las cosas están marchando, siempre le otorgamos al Altísimo el crédito por todo lo que está pasando, reflejando de esa manera incredulidad en nuestra capacidad para hacer las cosas bien sin ayuda del más allá. Asimismo, detrás del dicho también se escuda el ineficiente que no cumple su función, pero espera que todo le salga bien de milagro porque 'Dios es peruano'.
En las últimas semanas hemos tenido buenas noticias que claramente nos están diferenciando del resto de países de la región, incluyendo en esta ocasión también a Estados Unidos, sumergido en una recesión. Sin embargo, tanto el grado de inversión que se ha logrado como ser el país con el mayor crecimiento en el hemisferio no ha sido ningún milagro ni puede ser atribuido a regalo divino. Es el resultado de muchos años de sostener un rumbo claro, de mantener una economía abierta y un fisco controlado. El problema de las buenas noticias y el halago generalizado que trae consigo es que tiende a crear complacencia, así que rápidamente hay que volver a la realidad.
Según el FMI el Perú crecerá 6% el próximo año, lo cual es un tercio menos que el 9% actual que tanta expectativa está generando en la población. Es claro que si no impulsamos ahora el crecimiento estaremos llegando al ciclo electoral del 2010 sin inercia, creciendo a una tasa de 5% o menos, lo que para la mayoría de la población va a sentirse como una decepcionante recesión. Más aun, en esta ocasión, no podemos esperar que nos salve el crecimiento de la economía mundial, ya que este será lento por lo menos tres años más, luego de cuatro años de crecimiento excepcional.
Así que el Gobierno no puede dormirse en sus laureles y tiene que poner manos a la obra de inmediato para eliminar cuellos de botella que entorpecen el crecimiento. Altos aranceles y una legislación laboral diseñada para perpetuar subempleados son dos temas que podrían ser solucionados hoy si existiera convicción. Otros requieren de un plazo mayor y dentro de ellos el déficit de infraestructura es el más apremiante. Por ello, es alarmante que en lugar de retornar al modelo exitoso de Copri se esté pensando en cerrar Pro Inversión para burocratizarlo aun más pasándolo a la oficina del primer ministro (PCM) que actúa de cajón de sastre gubernamental: todo lo que se envía allí no se ve más. El consejo de competitividad lanzado con bombos y platillos hace 7 años nunca ha aportado nada al igual que la oficina de reforma estatal. Si las concesiones de infraestructura van a terminar durmiendo el sueño de los justos, junto a la competitividad y la desburocratización, daría la impresión de que están tratando de entregarles en bandeja de plata a Humala y Chávez la elección.
Por otro lado, regalar bolsitas de alimentos, que tarde o temprano --como el caso del Vaso de Leche-- se quedarán en las manos de quienes no las requieren, en lugar de ampliar Juntos por ejemplo, inevitablemente creará resentimiento. Tanto la idea de que los ministerios lo harían mejor que Pro Inversión o creer que con regalos se ganan a la población son evidencia de una creciente complacencia que lleva al Gobierno a cometer errores y a no tratar los verdaderos problemas. Seré un aguafiestas en estos días de celebración, pero es fundamental llamar la atención que en 21 meses de gobierno poco se ha hecho para reformar una economía que si no la impulsamos hoy va camino a una desaceleración que agudizará la frustración, justo antes de la próxima elección. Salvo, claro está, que ocurra un milagro porque Dios es peruano.