Crónica UN DÍA CON EL MINISTRO DE DEFENSA El pasado lunes el saleroso Ántero Flores-Aráoz (más conocido como Garfield) dejó que El Comercio lo acompañe todo el día. Ahí habló de su joven gestión y de su futuro político
Por Renato Cisneros
Son las seis en punto de la mañana y, afuera de la casa de Ántero Flores-Aráoz, el cielo de Camacho aún está morado. En la avenida Las Palmeras, los últimos atletas de la madrugada regresan agotados a sus casas, mientras las tres camionetas polarizadas del ministro se preparan para partir.
Minutos después, hojeando los periódicos del día y fumando un puro en el asiento del copiloto, don Ántero me cuenta que en los años recientes, aunque ha cumplido funciones muy distintas, su carga laboral es la misma.
"En Washington, cuando estuve representando al Perú ante la OEA, mi rutina era muy complicada: había cerca de 1.500 denuncias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que la misión peruana tenía que ver. Y antes, en el Congreso, por lo menos cuando fui presidente, entraba a las 7 de la mañana y salía a las 12 de la noche".
Cuando llegamos al fuerte Hoyos Rubio, en el Rímac, Ántero baja el vidrio de la camioneta para saludar al oficial que imparte los protocolos militares correspondientes. Muy a su estilo, él responde la venia sin entrar en grandes formalismos. Se nota que no le interesa canjear la quimba criolla que lo caracteriza por la gravedad castrense.
Una vez adentro, el ministro toma desayuno con una numerosa tropa de efectivos del Ejército y luego --junto con Hernán Garrido Lecca, titular de Salud-- se vacuna contra la hepatitis bajo una carpa del patio principal.
De nuevo en el auto continuamos la conversación. Hablamos de Chile y me aclara que el viaje a Santiago que tenía planeado hace unas semanas no fue suspendido por el gobierno de Michelle Bachelet, como especuló un sector de la prensa local. "Era una invitación formal y no fue dejada sin efecto. Hubiera sido de muy mal gusto. Lamentablemente, hubo un cambio de fechas, y tuve que quedarme en la reunión con los presidentes regionales. Eso obligó a la cancelación".
También hablamos brevemente de la supuesta incursión de las FARC, las casas del ALBA, el narcotráfico en el VRAE y las movidas en la zona del Putumayo.
Le pregunto si es que en el tiempo que lleva frente al ministerio ha hecho alguna declaración de la que se haya arrepentido (pienso en la frase que dijo luego de que el Gobierno le quitará al Cusco la subsede del APEC --"Que se queden con su Machu Picchu"-- y que provocó obvias incomodidades).
"Te soy franco: no. A veces las cosas no dependen de cómo las digas, sino de cómo las interpretan. Algunos cusqueños consideraron que era ofensivo lo que dije, pero no había voluntad de ofender, pero si así lo consideraban, expresé mis disculpas".
NO ME HABLEN DE MAÑANA
El despacho que el ministro tiene en el Pentagonito parece un minidepartamento con vista al parque. Hay un escritorio de vidrio, un escaparate, una salita de estar, un comedor, una cama, un baño. La decoración es variopinta: un póster de Alan García, dos cabezas de mármol de Bolognesi, un busto de Quiñones, una foto a colores de sus seis nietos.
Mucha gente lo vocea como primer ministro. Es claro que usted se perfila para el cargo
--Para empezar, si hay algo que no tengo es perfil (risas)
Pero la gente lo comenta por todos lados, ministro
--La gente es muy chismosa, pero yo no lo he escuchado.
No le creo.
--Lo he escuchado de terceros, pero no de las personas que, se supone, algo de eso sabrían
Pero, al margen de los chismes, ¿a usted le gustaría?
--No es un tema de gustos. Me siento muy cómodo haciendo lo que hago y no lo quiero dejar.
El ministro no habla con claridad del futuro más cercano, pero admite sin reparos que le gustaría ser presidente algún día. Le pregunto desde qué plataforma política postularía, considerando que ya no está en el PPC y que continuamente aclara que no es aprista, pero él prefiere mantenerse en disciplinado silencio.
Sin embargo, es posible que él ya tenga planes hechos. El 6 de marzo pasado la revista "Caretas" informó que Flores-Aráoz y Carlos Blancas (ex ministro aprista) vienen juntando firmas para el partido Orden. Hasta la fecha, ya tendrían 15 mil.
Tal vez por eso el Ántero Flores-Aráoz que encontramos habla con un tono conciliador. No lanza dardos contra Lourdes, no comenta nada de Castañeda, y saluda la nueva conducta algo más democrática de los nacionalistas. En algún punto, el suyo es el discurso de un futuro contendor independiente que sabe que pronto necesitará tender puentes.
UN JOVEN EN BASE SEIS
El día transcurre sin descanso. En el Pentagonito el ministro sortea todo tipo de reuniones: con militares colombianos, con autoridades del VRAE, con trabajadores de su sector que claman por una mejoría laboral.
Apenas concluye esos trámites vuela hacia la base de Las Palmas, donde almuerza con generales y suboficiales, y escucha una exposición sobre el estado de los pocos helicópteros de la FAP.
El ministro se despide, visita de sorpresa el Hospital Naval y luego se dirige al Comando Conjunto, donde oye un informe completo sobre las más recientes operaciones antisubversivas.
Para tener 66 años, Flores-Aráoz soporta el trajín con una facilidad sobresaliente. No pestañea, no bosteza, no se desajusta la corbata, no se queja. Encima, hace chistes todo el tiempo.
La caricatura que el imitador Carlos Álvarez hace de él en la televisión --y que está inspirada en Garfield, el obeso y muy cómico gato animado-- le hace justicia al Ántero original. Él asegura que, a diferencia de los gatos, no araña ni muerde, pero bien que se divierte con el arte del doble sentido. Para muestra, un botón.
¿Si hubiera entrado al Ejército, en qué arma hubiera estudiado..?
En Caballería.
Por la nobleza del arma...
No, porque me gustan las yeguas... ja, ja, ja, ja...
Hacia las 5 de la tarde, el fotógrafo y yo estamos exhaustos. Él, en cambio, toma un segundo aire y sigue celebrando reuniones, citas, entrevistas. Dice que está acostumbrado a trabajar desde que salió del colegio y recuerda que cuando entró a la Facultad de Letras de la Católica compartía los estudios con tres ocupaciones a la vez: sus prácticas en un estudio y su trabajo en las secciones legales del Banco Hipotecario y de una compañía de seguros.
"Toda mi vida he trabajado, y me voy a jubilar el día que me muera", dice muy campante, y uno, agotado de tanto caminar, subir escaleras y ocupar ascensores, termina por creerle.