Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

Nuestras olimpiadas políticas

Por: Juan Paredes Castro |

¿Cómo que no somos un país políticamente olímpico?

El que no estemos en un campeonato Mundial de Fútbol o en la mejor de las Olimpiadas no nos resta méritos propios en la periódica medición de los estándares internacionales del desempeño político, donde algo hemos mejorado en los últimos tiempos, recuperando un poco más de democracia, un poco más de estabilidad y poco más de esperanzas. Pero igualmente conservando mucho de lo mismo.

El viejo caudillismo político peruano tiene a sus mejores figuras compitiendo siempre por escrituras y herencias partidarias, en su mayoría obsoletas e irrepresentadas; por silletas y sillones de poder desarticulados de la sociedad; por causas más improvisadas y perdidas que nobles y emprendedoras; por metas de ahora por la tarde y objetivos de mañana por la mañana; y por proyectos más propios que comunes.

De ahí que si uno quisiera imaginar por un momento el equivalente nacional de la antorcha olímpica que en estos días viaja hacia Beijing, tendríamos que preguntarnos por todas las antorchas nuestras que somos capaces de encender y apagar todo el tiempo y que generalmente no nos llevan a ninguna parte. De ahí también que nuestras olimpiadas políticas no tengan ni siquiera rayadas sus canchas y por consiguiente los que se mueven dentro de ellas no sepan de qué lado están, en qué dirección jugar y, peor todavía: con qué resultados.

Solemos apelar al tonto consuelo del mal de muchos en olimpiadas políticas similares, lamentablemente con ejemplos caribeños y africanos cada vez más escasos. El otro consuelo ingenuo es que nuestras otras antorchas, entre ellas la de la estabilidad macroeconómica y la del crecimiento elevado y sostenido, pueden iluminar y dejar atrás el pedregoso camino político, la criminalidad de dentro y fuera del Estado y hasta el manejo hoy todavía complicado de la inflación y la caída del dólar.

Lo cierto es que el "milagro económico peruano" no va a sostenerse sin horizontes políticos de mediano y largo plazos bien puestos, sin una decisión política urgente de reforzamiento gerencial de la gestión del Estado, principalmente en el campo de la inversión pública, y sin una preocupación básica, de gobernantes y legisladores, por la estabilidad jurídica y política, prácticamente abandona a su suerte.

Estas son las antorchas llamadas a construir el sentido de futuro que no tenemos, la identidad que necesitamos soldar desde distintos frentes hoy irreconciliables y la responsabilidad hoy ausente en quienes hacen política y han olvidado la enorme conexión de esta con el éxito o fracaso del país, según cómo ella se ejerza.

Nuestras olimpiadas políticas tienen por supuesto su típico reparto de medallas y lo que no les falta: una audiencia castigada que no se aburre jamás.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook