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Crónica UNA AVENTURA SUDAMERICANA Llegaron a Iraq huyendo de la violencia en Palestina, pero la situación se complicó con la caída de Saddam Hussein y volvieron a huir. Hoy 38 de ellos están en Valparaíso, faltan más

Palestinos buscan nueva vida en Chile

Por Moisés Ávila Roldán. Enviado especial

VALPARAÍSO. Shahed se despierta temprano. Son las siete y treinta de la mañana en la villa Los Pinos, un condominio de clase media ubicado en la ciudad de La Calera, en la región de Valparaíso. Mientras la mayoría de vecinos se prepara para ir al trabajo, esta niña palestina de 8 años sube a un columpio y se balancea allí durante toda la mañana. Sonríe mucho. Nunca antes había visto uno. En el campamento donde vivió durante los últimos dos años con su familia, en el desierto de Iraq, solo los rodeaban serpientes, alacranes, soldados y mucho miedo. Pero en La Calera todo es distinto.

Shahed Khalifah forma parte de los 38 refugiados que hace una semana llegaron a territorio chileno, gracias a una gestión humanitaria del gobierno y del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Debido a los enfrentamientos bélicos en Palestina, estas personas e incluso sus padres y abuelos huyeron de allí y se desplazaron a Iraq.

Tras la caída del régimen de Saddam Hussein, hubo sectores que equivocadamente creyeron que eran protegidos por el fallecido gobernante, por lo que se incrementó la discriminación hacia ellos. Debido a que se trataba de musulmanes sunitas, también estaban en la mira de los chiitas, las dos ramas islámicas históricamente enfrentadas. Desplazados en la frontera de Iraq con Siria, se hacía urgente su salida de la zona. Sus vidas corrían peligro.

¿BOMBARDEO?
El profesor de historia Thamer Khalifah, uno de los refugiados, explica que sus hijos se abalanzan a los columpios y sube y baja de la villa porque no los conocen. Tampoco han tenido juguetes antes. "Estamos felices, porque por fin estamos a salvo. Aunque también tristes porque muchos de nuestros familiares y amigos todavía están allá, y quién sabe qué pasará con ellos", precisa. Khalifah dejó en Siria a su hermano y a su madre, para ponerse a salvo en Chile con su esposa y sus niños.

Khalifah tiene esperanzas de enseñar en Chile. Precisa que los libros de historia en árabe tienen un capítulo sobre el Imperio de los Incas y el Perú. Era lo único que conocía de Sudamérica.

El profesor intenta conocer más a los vecinos, quienes también hacen esfuerzos por entenderlos. Los jefes de familia Khalil, Basem, Ahmad, Salah, Husam y Saleh hacen lo mismo. Usan las bancas y las áreas verdes del condominio para conversar, fumar sus cigarrillos Gaulosies y disfrutar del clima. Luego de haber soportado más de 40 °C de día y -14 °C de noche, la temperatura templada de La Calera, que bordea los 25 °C, les ofrece una agradable estancia.

Pero su convivencia se ve de pronto interrumpida por el sonido de una potente sirena. Empiezan a mirarse asustados mientras el sonido se hace más próximo, como tratando de esconderse. Sucede que, en Medio Oriente, es común escuchar este tipo de alertas para que la gente se ponga a buen recaudo ante un inminente bombardeo aéreo. Este no es el caso. Se trata de un camión de bomberos que corre a una emergencia. Alguien se los explica mediante señas y un improvisado dibujo. Respiran aliviados, bromean y siguen disfrutando del momento.

En tanto, las esposas permanecen en casa o salen juntas, pero no hablan con personas del sexo masculino, salvo que estén sus esposos presentes. Cubren sus cabellos con un velo aunque mantienen el rostro descubierto y se maquillan normalmente.

Las pequeñas no se hacen muchos problemas. Pueden estar vestidas tan 'fashion' como cualquier niña de su edad. Algunas, como Randa --de 9 años-- combinan su ropa con el velo en el cabello, pero por una cuestión de preferencia y no de religión. "Ella siente que así se ve más bonita", dice su padre, Saleh Al-Hijazi, un operador de maquinaria pesada que ya tiene una oferta de trabajo en la Municipalidad de La Calera.

Los niños prefieren darle a la pelota y a veces optan por el juego brusco --en el que no faltan las pedradas-- que los padres chilenos toman con un poco de humor, aunque ya tienen previsto conversar con los padres palestinos para ver cómo hacen para moderar el tema.

Durante estos primeros días, los refugiados tendrán la compañía de un traductor.

TIERRA PALESTINA
La Calera es una población de 50.000 habitantes que, en proporción, es la ciudad con mayor cantidad de árabes y sus descendientes. Desde el alcalde, Roberto Chahuán, hasta los dueños de restaurantes, notarías y almacenes.

"Estamos muy felices. Esto nos recuerda la llegada de nuestros abuelos. Aunque hubiésemos preferido que emprendieran el camino de retorno a Palestina, sabemos que eso es difícil por el conflicto que se vive allá", refiere el burgomaestre.

Son 117 los palestinos que deben llegar a Chile. El segundo grupo llegará en los próximos días y se instalará en la zona de San Felipe, y el último llegará a las comunas santiaguinas de Ñuñoa y Recoleta.

Las viviendas, cuyo alquiler es asumido íntegramente por el Acnur, están amobladas y tienen todas las comodidades. Por lo pronto, tienen cubiertos los dos primeros meses y, a medida que se vayan adaptando a la ciudad y empiecen a trabajar, serán ellos mismos quienes escojan dónde vivir y cuánto gastar.

En una nueva tierra y ya a salvo, Shahed y sus hermanos Kathab y Omar juegan tranquilos en su nuevo hogar. No hablan nada de español, pero tienen varios amigos en el condominio. Entre los niños no importa el idioma. Solo unos cuantos gestos, varias sonrisas, y el juego empieza. Y la nueva vida, también.

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