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¿AUSENTES O INEFICIENTES?

El trabajo de los partidos políticos

Por Álvaro Rojas Samanez. Politólogo

Analítico y perspicaz, en días pasados Juan Paredes Castro, reflexionaba sobre una de las principales carencias de la política nacional: la vigencia y realidad de los partidos. Nadie reclama un sistema --lo ideal-- sino instituciones reales, que funcionen y tengan algo más que un registro y pocos dirigentes visibles.

Paredes recuerda correctamente lo que decía Valentín Paniagua. Solo que ello no corresponde a la realidad actual, cuando los partidos parecen tener todo: aspiraciones, objetivos, expectativas, mensaje, poder e inclusive algunos nichos electorales puntuales y precisos) excepto lo esencial : estructura orgánica, vínculo real, cercanía al interés mayoritario y ausencia de mecanismos, cuadros y propuestas. Todo lo que les impide ser herramienta de gobernabilidad.

La caracterización incluye a los viejos partidos de 40 (PPC) y 80 años (Apra), a los que añoran perdida grandeza y los recién formados que viven instalados en la bancada y la tribuna periodística, sin esforzarse por lograr vida orgánica seria y persistente.

Si los partidos no tienen vida efectiva, quienes se sienten a 'dialogar' estarían en una 'ouija'. O en un acto social, como pasó en casa de Lourdes hace poco. De ahí no se deriva acuerdos ni posiciones consolidadas.

Lo de Paniagua fue distinto: resultó la respuesta efectiva cuando todo se derrumbaba y la OEA propició una mesa de diálogo. Allí se sentaron quienes tenían opción de hacer algo, especialmente en el Congreso, para que la transición fuese viable.

Lo que sucedió no fue mérito de los partidos, cuyos representantes no fueron los únicos presentes: estuvo la sociedad civil, el Episcopado, la Defensoría del Pueblo, sindicalistas, dirigentes gremiales y personalidades. Muchos asistentes no partidarizados.

La mesa que promovió la OEA fue un acto de gobernabilidad. Y la gobernabilidad probablemente sea el más difícil proceso para una sociedad nacional que busca ser viable. Si se logra, resulta clave para el desarrollo, la toma de decisiones y ampliar la base de sustentación de instituciones representativas y democráticas.

Gobernabilidad equivale a reunir, en un solo criterio, distintas maneras de actuar en sociedad y generar mejores condiciones de vida. No es un acto económico, ni un fenómeno social, o hecho político. Es todo eso y más: trascender hacia objetivos nacionales pensando en el mañana.

Para los partidos, gobernabilidad es entender la coyuntura y proyectarse al mediano y largo plazo. No debatirla ni revisar la casuística, sino mirar en perspectiva el futuro, entender el proceso social, político y económico sin limitarse a examinar lo que sucede hoy y que mañana será rebasado por otro acontecimiento de la actualidad.

El reto partidario es lograr que la política pase de la representación a la participación. Eso significa consenso y acuerdo, no nacido por afinidad sorpresiva ni búsqueda de votos coyunturales. Requiere que los partidos, antes de sentarse a compartir espacios, tengan vida, estructura, bases, dirigencia intermedia. Y que posean elementos y mecanismos democráticos internos sin predominio de la dirigencia intermedia. Un lugar donde ingresen militantes y salgan representantes legítimos. Eso significa formar y capacitar dirigentes, tener planes y equipos homogéneos para responder a requerimientos de todo nivel. Entonces se identificará a quienes podrían estar en la mesa de diálogo, aquella que encumbró a Paniagua y recuerda Paredes Castro.

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