Por: Juan Paredes Castro |
La investigación parlamentaria de las casas del ALBA, que apunta concretamente a probar el grado de injerencia política del Gobierno Venezolano en los asuntos internos peruanos, ejercerá sin duda una acción disuasiva, hasta que el presidente Alan García hable claro y directo con su homólogo Hugo Chávez y resuelvan ambos en qué nivel quedará por fin nuestra relación bilateral.
Lo que vemos en lontananza es que inevitablemente García y Chávez van a tener que zanjar esta urticante cuenta pendiente, amarrada por ahora a que pase la próxima cumbre Europa-América Latina-El Caribe y que, mientras tanto, funcione el guante de seda de nuestra diplomacia, en Lima y Caracas.
El tema de las casas del ALBA en el Perú ha tardado en ser tomado en serio, primero por la Cancillería y después por el Congreso. Ahora que hay cada vez menos dudas de que ellas constituyen potenciales fuentes de proselitismo político chavista, disfrazadas de voluntad caritativa social, con miras a apoyar cualquier alternativa política autoritaria en el país, recién se cae en cuenta del peligro que representa este caballito de Troya en la frágil democracia peruana.
Irónicamente, muchas de nuestras instituciones políticas, incluidas las partidarias, hacen poco o nada por blindar el sistema democrático peruano, condición básica para evitar el financiamiento externo de movimientos orientados a desestabilizarlo.
Lamentablemente, no tenemos a la vista, entre quienes deberían preocuparse de ello, la voluntad política concertadora y de reingeniería partidaria capaz de asegurar a futuro alternancias democráticas que hagan cada vez más difícil, si no imposible, el aventurerismo populista y autoritario que tanto daño le ha hecho al país a lo largo de su historia y que Chávez desearía reencarnar en algún liderazgo improvisado que se preste a su juego y a sus cálculos de hegemonía regional, como se presta Evo Morales en Bolivia.
Chávez busca penetrar allí donde le hagan fácil la entrada y consientan su estratagema. Ahora mismo podría estar tomando por debilidad la actitud peruana de paños tibios con las casas del ALBA. No le interesa mucho la discreción diplomática de Torre Tagle de no avivar la mínima confrontación con Venezuela en tanto la cumbre europeo-latinoamericana-caribeña pasa por sus más delicados preparativos, con la capital peruana como anfitriona de la cita.
No sabemos si estamos hilando fino con el gobierno autoritario de Chávez o quién sabe apostando a nada, que sería muy triste.