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La esquina TRES AÑOS DE SU FALLECIMIENTO, UNA MIRADA AL TÉCNICO HOLANDÉS MÁS DECISIVO DE TODOS

La cátedra de Michels

Por El Veco. Periodista

La profesión de técnico de fútbol transita entre la verdad y la mentira, entre el palabrerío vacío y la realidad de un planteo bien hecho. Entre los vendedores de humo y quienes dejaron un ancho recuerdo por haber cumplido un trabajo serio. La muerte de Rinus Michels, a los 77 años, determinó en ese momento una coincidencia no común: "Fue uno de los mejores técnicos de la historia", y entre quienes firman el juicio estuvieron nada menos que Michel Platini, Franz Beckenbauer, Bobby Charlton y en primera línea Johan Cruyff.

El compañero de Hugo Sotil en el Barcelona ha ido mas allá: "Michels me enseñó todo como jugador y entrenador". El sabio jugador del Ajax acepta que lo modeló en el campo y le trazó el pizarrón adecuado para cuando decidiera dirigir. Nacido en Ámsterdam el 9 de febrero de 1928, Michels se hizo técnico con la idea de llevar a sus equipos "el fútbol total" (once trabajando al unísono), que se personificaba para él en la figura que lo había impactado en buena parte los años 50 y 60 con la camiseta del Real Madrid: Alfredo Di Stéfano.

Más conocido como 'El General' a causa de su firme carácter, se propuso llevar el fútbol de su patria a un lugar de primer nivel, sin traicionar la belleza del espectáculo. En un esquema europeo ahogado por marcaciones cerradas armó la llamada 'Naranja Mecánica', que significó un viento fresco en los campos del Mundial de Alemania 74, una idea nueva de despliegue generoso, de norte ofensivo pleno que no llego al título que merecía al ser superado en la final por el dueño de casa. Hoy, después de más de décadas, seguimos recordando aquella exhibición única que dejaron los cracks de la camiseta naranja y seguimos diciendo gracias. Años más tarde Michels volvió a dirigir a Holanda en la Eurocopa del 88 para lograr el título más importante del fútbol tulipán. Aprovechó el gran momento de "los tres mosqueteros" del Milan y se fue doblado en aplausos y saludando con el trofeo en alto. La capacidad de Rijkaard, su orden y su inteligencia; el desborde y la velocidad de Gullit más la potencia ofensiva, quizás única en aquel momento, del demoledor Van Basten, redondearon la obra.

El cartel de Michels solo fue comparable a la hegemonía de Helenio Herrera en los años 60, forjador de un Inter inolvidable, campeón de todo. El de Sandro Mazzola, Luis Suárez, Corso, Jair, Picchi y Giuliano Sarti. El popular HH, así se lo conocía, fue un extraordinario motivador aunque la tiza a veces fallara. Rinus Michels hizo las dos. Fortaleció el animo y dibujó prolijo.

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