Crónica HIJOS CON PROBLEMAS Antes, si tu padre tenía un alto cargo político y tú querías trabajar en el Estado, nadie iba a señalarte. Hoy, en cambio, en esas circunstancias no conviene apuntar al aparato público
Por Renato Cisneros
Profesionalmente hablando, ¿cuán ventajoso es hoy en día que tus padres sean importantes funcionarios públicos? ¿Resulta beneficioso o perjudicial? Hace dos décadas ese debate no parecía tener mayor sentido. No se recuerdan casos específicos o emblemáticos de hijos favorecidos laboralmente por sus papás ministros o presidentes, y tampoco se recuerda ninguna histórica denuncia por nepotismo. Nepotismo --esa desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos-- es un concepto con el que la opinión pública peruana recién ha aprendido a familiarizarse en los últimos años. De hecho, la ley de nepotismo es relativamente joven: se creó en abril de 1997 y fue reglamentada en julio del 2000. Antes de eso, esa palabra de cuatro sílabas constituía un enigma.
¿EL PASADO FUE MEJOR?
De la década de los años 80, por ejemplo, el caso más parecido a eso podría haber sido el del hoy congresista de Acción Popular Víctor Andrés García Belaunde, el popular 'Vitocho', quien al inicio del segundo gobierno de su tío Fernando Belaunde Terry fue nombrado secretario del Consejo de Ministros, cargo en el que se mantuvo cinco años.
A pesar de la evidente relación consanguínea entre jefe y subordinado, nadie se cortó las venas por eso. Fue un hecho que no alteró la agenda del día a día.
"Nunca, pero nunca se discutió mi nombramiento. Primero, porque los sueldos eran miserables; yo ganaba 200 dólares, eso era un sacrificio antes que un trabajo rentable. Segundo, era un puesto de confianza y no tenía acceso a recursos", precisa por teléfono 'Vitocho', quien, además, señala que el titular de la Cámara de Diputados de entonces era nada menos que Francisco Belaunde Terry, su otro tío, hermano del ya fallecido ex mandatario. "Y nadie hizo lío por eso", añade.
En los 90, con Alberto Fujimori, la cosa cambió un tanto. Quizá el hecho de que Keiko Fujimori asumiera el lugar de primera dama con tanto afán ejecutivo provocó que el público comenzara a dudar de la conveniencia de las cercanías familiares en las alturas del poder. Sin embargo, durante la dictadura, pese a las especulaciones, no hubo hijos de funcionarios ampayados en entuertos comprometedores. Los delitos --como se viene probando-- fueron otros (y mucho más graves, por cierto).
Tras la resaca de la corrupción apañada por Vladimiro Montesinos, la fiscalización política y la vigilancia ciudadana cobraron un inédito vigor. Así, cuando Alejandro Toledo llegó al Gobierno la ciudadanía siguió cada movimiento suyo con especial detenimiento. Y fue ahí que el nepotismo --hasta ese momento difuso, poco visible-- cobró forma: apareció Coqui Toledo, el 'sobrinísimo', el pariente más favorecido de la extensa corte sanguínea del 'Cholo'. Ahí los peruanos sí que entendimos los reales alcances de la palabra 'nepotismo'.
ESTOS CHICOS DE AHORA
El más reciente caso de relaciones familiares problemáticas es el de Miguel del Castillo, hijo del primer ministro, Jorge del Castillo, quien tuvo que renunciar a RBC (Canal 11) ante un cúmulo de diversas suspicacias. Su salida fue la respuesta a un comentario que sugería que su presencia en esa estación televisiva podía estar relacionada con el incremento de publicidad estatal hacia el canal. A pesar de tratarse de un ente privado, y de que el joven Del Castillo estaba académicamente acreditado, la historia no tuvo el desenlace que él hubiera querido. Aquí no hubo nepotismo, pero se creó la ilusión de que sí.
Ya antes Miguel Del Castillo estuvo a punto de vivir una circunstancia igual de compleja. Al inicio de la gestión de Alan García un alto funcionario gubernamental le pidió que sea el número dos de cierta organización. Él tuvo que negarse.
"Me hubiera encantado, porque iba a hacerme cargo de una idea que yo había trabajado en la campaña, pero le dije que eso era imposible, que yo no podía meterme a una función pública".
Para el hijo de Del Castillo Gálvez fue durante el gobierno de Alejandro Toledo en que se empezó a mirar de mala manera la presencia de familiares en el entorno del poder. "Aunque se molesten mis amigos de Perú Posible, creo que en el gobierno de Toledo se hizo más intensa la tendencia de familiares que asumieron altas funciones, sin estar muy bien preparados. La experiencia nos dice que los familiares no solo se aprovechan del poder, sino que abusan de él. Por eso hay tanta desconfianza".
UNA CHICA EN APUROS
Pero el de Del Castillo no es un caso solitario en estas, hasta cierto punto, incomprendidas relaciones filiales. Ya en setiembre del 2006 la abogada y periodista Beatriz Llanos de la Mata tuvo que renunciar a ser miembro del directorio del Instituto Nacional de Radio y Televisión del Perú (IRTP). ¿La razón? La posible intercesión en ese trámite de su madre, Mercedes Cabanillas, entonces presidenta del Congreso. Todo fue mera suspicacia, pues tal injerencia nunca se probó.
Por eso, aunque su designación había corrido por cuenta del propio presidente de la República, y aunque su currículum avalaba su idoneidad para asumir el puesto, Llanos eligió la renuncia para evitar que se ventilen rumores inexactos.
Desde Madrid, donde lleva un año y medio trabajando, Llanos de la Mata se abstuvo amablemente de ofrecer una declaración. "Me parece que es importante que el tema sea tratado, pero lo que tuve que decir lo dije en su momento", comentó.
FAMILIA ESTRELLADA
Para Luis Jiménez Borra, regidor de Lima e hijo de la ex ministra de la Mujer Virginia Borra, el hecho de ser hijo de un alto funcionario público implica tantas ventajas como desventajas.
"Hay cosas buenas y otras complicadas, porque mis papás tienen amigos, pero también detractores. Y uno hereda los afectos, pero también los rencores".
Como se recuerda, el 2006, Jiménez Borra ganó las elecciones internas del Apra para ser candidato a la alcaldía de Lima, pero resultó desplazado por el promocionado Benedicto Jiménez. "Se me desplazó por estrategia. Benedicto conocía de seguridad ciudadana. Alguien pudo pensar que por ser hijo de la ministra se respetaría la elección interna, pero no fue así".
Años atrás, él tranquilamente habría podido aprovechar los puestos en que doña Virginia se desempeñó al interior del Apra, pero se inhibió. Luis dice que, antes de ser ministra, su mamá era directora de capacitación del Apra. "Había varios jóvenes que viajaban a España, becados por la Fundación Pablo Iglesias, del Partido Socialista Obrero Español. Mi mamá hacía las propuestas de los jóvenes que podían viajar. Yo, que he sido secretario general de la juventud el 2001 y luego secretario nacional de juventudes, nunca postulé. Sabiendo que tenía la posibilidad de haber accedido a la beca, no lo hice".
También para Jiménez Borra la relación de padres e hijos en el poder tomó un cariz negativo en el gobierno pasado. "Esto llega a un nivel exagerado en el gobierno de Alejandro Toledo, donde veíamos a todos los sobrinos cometiendo delitos sin que les pasara nada. Eso marcó un punto mayor. Ni en tiempos de Fujimori había tanto escándalo".
UNA OPINIÓN AL MARGÉN
Aunque ella no ha pasado por un trance de renuncias forzadas, la opinión de Carla García Buscaglia, hija mayor del presidente de la República, tiene un valor diferenciado.
Ella piensa que ser hija del Jefe del Estado es tan ventajoso como desventajoso, y por eso trata de evitar que la gente crea que sus méritos son gratuitos. "Felizmente trabajo desde hace años en una institución educativa privada (refiriéndose a la Universidad de San Martín de Porres), donde he podido asumir cargos de mayor responsabilidad a través del tiempo".
Carla --quien además es columnista del diario "La República"--, nunca se ha visto en la situación de tener que rechazar una propuesta de trabajo por ser quien es; le ha ocurrido lo contrario.
"He sido entrevistada para un trabajo y recibido comentarios muy favorables, pero luego --cuando llega el murmullo sobre mi parentesco, que siempre va detrás de mí, casi pisándome los talones-- no vuelvo a saber sobre la empresa o el puesto".
García Buscaglia considera que es atinado para un familiar conservar la distancia respecto de la esfera pública, aunque por otro lado reconoce que incluso en el ámbito privado el parentesco podría ocasionar problemas.
"Fulano, hijo de un congresista, postula a un empleo en una fábrica de pintura. La fábrica quiere concursar para venderle látex lavable al Ministerio de Educación, que busca remozar los colegios. Venden y un día equis se acusa al papá de Juan, al ministro y al propio Juan de corrupción, o, sencillamente, la empresa quiere crecer sin problemas y decide no contratar a Juan, a pesar de que sea el mejor postulante. Creo que entre ser correcto y parecerlo, uno va restringiendo su campo de acción a una caja de fósforos, y eso me parece sumamente injusto".