Por Raúl Mayo. Corresponsal
El intenso frío no fue obstáculo para que centenares de campesinos de las comunidades de Masma Chicche, Ñuñunhuayno y San José de Apata, en la provincia de Jauja, se pusieran a bailar del 10 al 14 de este mes a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar. Alegres porque había llegado una de las celebraciones más esperadas del año, todos participaron del festival de la trucha y el chuño, también conocido como la fiesta de la chaquitaclla.
El festejo busca reivindicar al trabajo, de ahí que su nombre, chaquitaclla, haga referencia a una antigua herramienta inca que todavía es utilizada por los habitantes de la zona que no pueden contar con maquinaria para trabajar la tierra, debido a la accidentada geografía de algunos sectores altoandinos.
En las tres localidades en las que se lleva a cabo la celebración es posible observar a los varones danzar y abrir surcos en el campo como antes lo hacían sus antepasados. Las mujeres, en tanto, corren con pulmones de acero al jugar el fútbol en coloridas polleras y muestran lo mejor de sus hilados y artesanías.
Los pobladores de las localidades cercanas, por su parte, no se hacen esperar. Llegan desde Huertas, Molinos, Julcán y Conopa, ávidos de escuchar a los conjuntos formados por campesinas que interpretan sus propias composiciones y que están acompañadas por bandas de músicos que utilizan con mucho talento instrumentos rústicos como la tinya y la quena.
Los cánticos narran la vida del hombre y la mujer de los Andes. Sus alegrías, sufrimientos y anhelos se mezclan con el susurro del viento y crean en quienes lo escuchan recuerdos muy difíciles de olvidar.
COMPETENCIA DE RECIOS
Una de las actividades más admiradas durante el festival es el concurso del taclleo. En este, fornidos y curtidos hombres compiten por abrir los surcos más profundos utilizando la chaquitaclla. Mientras ellos rompen la tierra con gran esfuerzo y destreza, sus compañeras siembran las semillas con el fin de obtener la papa nativa o papa chiri, con la que se hace el tradicional chuño. El certamen se completa al ver cuál de estos varones corta la leña de forma más rápida.
El jurado del concurso, usualmente integrado por autoridades locales, emite su veredicto tras observar en el desenvolvimiento de los participantes cuatro aspectos fundamentales: el esfuerzo físico hecho por los caballeros; la vestimenta, que debe ser lo más autóctona posible; el guapeo, que evidencia la coquetería de la mujer andina; y el majapeo, que surge como resultado del movimiento de la tierra y el sembrado.
Tras la disputa, empieza el desfile de platillos. Las matronas de las tres localidades ofrecen manjares hechos con truchas frescas del río y chuño. También deliciosas mazamorras de oca y papa seca.