EDITORIAL
Por Alfredo Guzmán. Consultor en salud pública
En el mundo, según la OMS, más de 1,2 millones de personas mueren anualmente y entre 20 millones y 50 millones sufren traumatismos graves en colisiones de tráfico. Nueve de diez defunciones debido a incidentes viales ocurren en los países de ingresos bajos y medios.
En este Diario nos enteramos de que el Perú, con el parque automotor más pequeño que el resto de países vecinos, tiene más muertes por los mal llamados accidentes de tránsito. Su correcta denominación es colisiones de tráfico. Colisiones que se podrían prevenir si la población tomara una mayor conciencia de esta tragedia y si se mejoraran las políticas públicas relacionadas con la seguridad vial.
Muchas de las muertes en las pistas y carreteras de nuestro país son prevenibles, no son accidentes, son el resultado previsible de comportamientos de riesgo y factores ambientales, causados por: conductores que no cumplen las reglas, vehículos viejos y en mal estado, falta de revisiones técnicas, exceso de velocidad, diseño inadecuado de pistas y carreteras, señalización deficiente, pistas deterioradas, informalidad y falta de celo de la Policía de Tránsito para hacer cumplir la ley.
Según estimaciones de la OMS, en las próximas dos décadas las tasas subirán más de 65% en el mundo. Esos aumentos serán más acelerados en los países en desarrollo y habrá más defunciones por esta causa que debido a la malaria, la tuberculosis o el VIH/sida.
Los esfuerzos deberían concentrarse en los factores de riesgo, en mejorar las rutas y alentar el uso del transporte público. Un ejemplo es Bogotá, donde las muertes por incidentes de tránsito han disminuido a la mitad gracias a una serie de medidas, desde el reemplazo de funcionarios corruptos o ineficientes, a un mejor cumplimiento de las leyes; identificación de los sitios donde ocurren más colisiones; mejoramiento de la infraestructura y el Transmilenio. Este sistema de transporte público masivo ha logrado disminuir, en la popular avenida Caracas, los incidentes de 832 en 1995 a cuatro en un año.
En Lima, según declaraciones del alcalde, recién a fines del 2009 estará en marcha el sistema público de transporte masivo. Seguiremos con el caos vehicular. No entendemos por qué, mientras tanto, no se licitan ya una o dos líneas de transportes para las principales avenidas, como Arequipa, Arenales, Petit Thouars, Javier Prado, Primavera, Benavides, La Marina, Faucett, Brasil, Alfonso Ugarte, etc., que den un servicio ordenado, limpio y respetuoso, y acabamos con las miles de combis que, además de ser un peligro, saturan y contaminan la ciudad. Por qué no se establecen los paraderos para el transporte público y se sanciona cuando recogen pasajeros en cualquier sitio. Por qué no existen terminales terrestres en la entrada norte, sur y centro de Lima, para evitar que los ómnibus interprovinciales ingresen al centro de la ciudad. Por qué estos ómnibus no tienen el dispositivo de control de velocidad.
No se debe perder más tiempo y se debe trazar un plan de prevención vial, dentro del cual Tolerancia Cero es una parte, que permita incorporar todas las recomendaciones de los expertos, que incluya una aplicación más estricta de las leyes de tráfico y la inclusión de cursos de seguridad vial en los programas escolares. Solo así podemos iniciar el cambio y no acostumbrarnos e insensibilizarnos con las noticias diarias sobre muertes en pistas y carreteras. La vida sí importa.