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EDITORIAL

No lleguemos tarde en la guerra contra las bandas

La inexcusable inoperancia policial ha dado lugar a un peligroso mercado negro de armas que abastece a las pandillas barriales en sus ajustes de cuentas y acciones delictivas. Esto es intolerable y reclama acciones enérgicas.

No hace falta aumentar las penas carcelarias, que son suficientemente duras con aquellos que portan ilegalmente armas de fuego. Lo que se necesita es una mejor labor de inteligencia para detectar, desbaratar y erradicar los centros ilegales de abastecimiento. Es imperativo detener a los mercaderes de la muerte y a sus compradores para que con una buena carga probatoria pasen a manos de fiscales y jueces, y de allí a prisión.

Pero, esto que suena a sentido común parece estar distante de quienes deben encarar el problema, pues aún se venden armas a vista de todos y barrios enteros siguen en manos del hampa .

Las autoridades tienen que ser implacables con los delincuentes. El 71% de los peruanos, según una encuesta de la Universidad de Lima de noviembre del 2007, considera que la delincuencia aumentó en el último año y exige protección y mano dura.

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