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Todo idioma cambia de piel

ESFUERZOS. El Día del Idioma, que se celebra hoy, propicia una reflexión sobre el modo en que lo hablamos, y cómo escribimos y afrontamos sus normas. El Comercio hace grandes esfuerzos por mantener la pulcritud. Un estudio del 2007 indica que los deslices son cada vez menos

Por David Hidalgo Vega

Una radiografía del vocabulario nacional delataría nuestra blandura de lengua: en los poblados de la sierra norte, se dice ashutúrate para pedir que una persona se ponga en cuclillas; cuando la humedad de la noche deja empapado el terreno, los cajamarquinos dicen que ha habido bastante shulana; en las calles cálidas de Iquitos, los ciudadanos honestos se cuidan de que los ladrones les puedan shicapear algún objeto personal; y en cierta zona de la costa, las ollas de los fogones son removidas con un umashe, que es un palillo para controlar la cocción de la chicha de jora. "La lengua tiene su propio vivir dentro de cada uno de nosotros", dijo años atrás Fernando Lázaro Carreter en la sede de la Real Academia Española. El documental "Los castellanos del Perú" (Pro Educa/GTZ, 2004) confirma en imágenes la sentencia del célebre lingüista. Allí se da cuenta de palabras, expresiones y entonaciones que enriquecen nuestra manera de hablar. Exuberancia verbal que vale meditar por el Día del Idioma en un país con tanto orgullo de paladar.

En el recorrido para captar el lenguaje popular, los autores del documental registraron una entidad que se define entre millones de labios. Una mujer cuenta de un episodio familiar y dice: "La mamá viene, ahora te va a pegarte". Otra señora explica los tropiezos de su negocio: "Pensábanos que el pan iba a quedar flaquito". Un hombre habla de sus parentescos: "Mi hermana tiene una su ahijada de bautizo". El criterio dominante señala que todos cometieron errores. Para otros especialistas es simplemente la diferencia entre las formas locales de hablar y la lengua estándar. "La variedad estándar de una lengua es la que es elegida como la de mayor prestigio por los grupos dominantes", refiere Jorge Pérez Silva, catedrático de la Universidad Católica y uno de los tres responsables del guion.

"Lo que es afrentoso para unos es normal y conveniente para otros", decía Lázaro Carreter. En el uso corriente, esa diferencia ha dado pie a la discriminación. "Al decir que una forma es incorrecta se disfraza el desprecio hacia la persona que la usa. Dominar la variedad estándar da un estatus social determinado, pero no la hace superior a las variedades no estándares. Simplemente es una herramienta", insiste Pérez Silva. Quiere decir que facilita la comunicación entre personas con acceso a la misma variedad. Por ejemplo, dos individuos que hayan recibido educación superior en Lima y Bogotá, respectivamente, tendrán más facilidad de entenderse entre sí que dos personas de las mismas ciudades que hablan las variedades de sus respectivos ambientes.

La fricción enriquece, cabría decir. Los lingüistas llaman a esto 'variedades adquisicionales'. Son las palabras que van alimentando el lenguaje, como las que proceden del quechua. A este rubro corresponden expresiones como los conocidos calato o pucho, pero también otras que suelen pasar más desapercibidas, como el coloquial "había sido" que empleamos para mostrar sorpresa por un detalle recién advertido. Los guardianes del idioma, que se reúnen en las academias de la lengua, evalúan su incorporación a la variante estándar según el uso popular, pero sobre todo en la literatura y los medios de comunicación.

PRECISIONES
Incluso la lengua estándar no está ajena a las marejadas de los tiempos. "En mi juventud era muy popular el ambigú adonde tomar un refresco en los descansos del cine; es palabra ya abolida por los hablantes --escribió el citado Fernando Lázaro Carreter--. El fútbol mismo ofrece muestras claras de hispanizaciones que los hablantes han realizado sabiamente, sin intervención académica alguna; han expulsado del uso off-side, que, en España al menos, se transformó en orsay, el cual por fin fue sustituido por fuera de juego; incluso se va prefiriendo decir saque de esquina a córner".

En otros casos, son las academias las que intervienen para regular los nuevos usos. Las palabras nunca son tan críticas como cuando están escritas. Un ejemplo de ajuste es el libro "Ortografía de la lengua española", publicado por la Real Academia en 1999. A decir de la lingüista y correctora Sofía Rodríguez, ese manual planteó "una revolución": una primera innovación fue que resultaba innecesario poner acento ortográfico a palabras como solo, que este Diario dejó de tildar desde el año 2001. La decisión editorial no ha dejado de causar escozor en lectores que durante años fueron educados bajo la norma de ponerle tilde cuando lleva la función de adverbio, con el significado de solamente. Aunque la explicación fue publicada en portada, todavía muchas cartas dan cuenta de la resistencia al cambio. "El día que lo lanzamos, los lectores empezaron a llamar creyendo que se trataba de un error", recuerda Rodríguez, quien durante los últimos cuatro meses ha ejercido una consultoría de dudas fundamentales a través del blog Ideas y Palabras, de El Comercio.

Allí recibe consultas de estudiantes, profesionales y alguno que otro navegante a punto de naufragar en las normas del lenguaje escrito. Cuando el blog fue lanzado, en diciembre último, ni la propia autora se imaginó el elevado flujo de visitantes que tendría. Con los días, la curiosidad de los lectores ha convertido este espacio en un referente. "La tildación es el problema más grave", insiste Rodríguez, quien no tiene reparos en responder los comentarios que le envían con implacables correcciones, como una maestra de colegio.

En los comentarios que llegan a esa página virtual se percibe gran dificultad para acostumbrarse a las normas a pesar de que tienen varios años en vigencia. "A mucha gente no le gustan los cambios drásticos: 'Me siento raro quitándole el acento', 'yo aprendí que se tilda solo cuando significa solamente', me dicen. Yo no he tenido dificultad, pues me adecúo cuando se trata de un buen cambio --escribió Rodríguez en uno de sus primeros artículos--. Además, debo decir que es un paso adelante de la RAE, no solo porque es más fácil escribir sino porque fomenta la simplificación ortográfica, que es la tendencia actual de las gramáticas".

ESFUERZOS
Esa es la premisa que rige las normas adoptadas por este Diario. El repliegue de los lapiceros ante los teclados tendría que estimular la sencillez. Una muestra es el uso de la letra 'o', que antes llevaba tilde para evitar la confusión con el cero cuando iba entre dos números. Ahora, la tipografía de computadora trae tan diferenciados ambos caracteres que las posibilidades de confusión son mínimas. "Ya no hay razón para tildar", refiere la correctora.

La tecnología supone un alivio paulatino de los errores. Un estudio realizado en el año 2007 indica que, a pesar de los deslices que a veces se filtran en estas páginas, estos son cada vez menos. La auditoría de la calidad de la redacción fue encargada por El Comercio a los especialistas Marco A. Ferrell Ramírez y Luis Andrade Ciudad, de la Comisión de Ortografía y Lexicografía de la Academia Peruana de la Lengua. Ambos tomaron ejemplares del Diario publicados en las últimas tres décadas. El conteo de faltas por año arrojó lo siguiente: "6.295 en 1981, 1.912 en 1990, 2.188 en 1988 y 424 en el 2007". "Los resultados del análisis muestran una tendencia general decreciente en el total de errores", indica el reporte. En promedio, hemos llegado a menos de un error por página.

De hecho, el cargamontón de 1981 "se debe en gran parte a la excesiva proporción de errores de partición de palabras a final de renglón, probablemente derivados de los problemas de composición que se solían presentar antes de la introducción de recursos informáticos".

Otros términos, que algunos consideran errores, no lo son: bajo las normas de la RAE, por ejemplo, en este Diario no se pone tilde a los pronombres demostrativos: ese, este, aquel. Este fue el segundo gran cambio de la aludida revolución ortográfica. "La tercera gran innovación es la acentuación gráfica de los verbos con enclíticos (pronombres que van ligados a los verbos: como -te, -me, -lo, etc.), que se tildan ahora acorde con las reglas, por ejemplo: dámelo, dáselo, estate, dilo", explica la autora del blog Ideas y Palabras.

La incertidumbre es la sombra del idioma. Por eso en el año 2005 la RAE publicó el "Diccionario panhispánico de dudas", destinado a los interesados en "mejorar su conocimiento y dominio de la lengua española". Alguien podría pensar que el panorama quedó despejado, pero la inclusión de palabras como cederrón por CD-ROM o bluyín por blue jean han dejado zonas a media luz. Solo el uso cotidiano terminará por aclararlas. Nadie rige tanto un idioma como el pueblo que lo pronuncia.

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