Por Fernando Vivas. Periodista
Una paradoja peruana rompe el coco a los analistas de la vecindad. Cómo así --se preguntan-- con su liderazgo en crecimiento económico (más de 11% para febrero) Alan García está al fondo de la tabla regional. La Consultora Mitofsky, de México, acaba de difundir un ránking americano en el que García, con 28% (26% según encuesta de Ipsos Apoyo), es el antepenúltimo en aprobación. Solo lo consuelan el nicaragüense Daniel Ortega, con 21% y el paraguayo Nicanor Duarte, con 5%, que pronto da la posta al ex obispo Fernando Lugo.
Encima están: Álvaro Uribe (84%), Rafael Correa (62%), Felipe Calderón (61%), Antonio Saca de El Salvador (59%), Evo (56%), Lula (55%), Martín Torrijos de Panamá (51%), Hugo Chávez (51%), Óscar Arias de Costa Rica (50%), Álvaro Colom de Guatemala (49%), Cristina Fernández (47%), Leonel Fernández de República Dominicana (46%), Michelle Bachelet (46%), Tabaré Vásquez de Uruguay (45%), Manuel Zelaya de Honduras (35%), Stephen Harper de Canadá (34%) y Bush (30%).
No me quería perder a ninguno porque la generalidad impone la relatividad: dos líderes de primer mundo, EE.UU. y Canadá, apenas superan a García, mientras que el presidente de la convulsa Bolivia le lleva una treintena de puntos. Un descarte obligado: las cifras de crecimiento económico poco importan a las masas (el informe 2007 del Latinobarómetro coloca al Perú, con 8%, en penúltimo lugar en la percepción de la población sobre mejora económica, mientras que Venezuela tiene 52%, lo que indicaría que la percepción de cuánto y cómo se hace gasto público, sea lúcida o manipulada, importa más que la exhibición de auspiciosos pero inasibles totales).
Pero aún sumando todas las variables económicas y su percepción por la población, e incluyendo la inflación que los encuestados de Ipsos Apoyo colocan como principal causa de descenso en la aprobación, no se explica por qué, en comparación a los presidentes vecinos, detestamos tanto a Alan.
Hace unos días, en Ecuador, tres críticos de TV, el colombiano Omar Rincón, el ecuatoriano César Ricaurte y yo, intentamos explicarnos la tremenda brecha entre García, Uribe y Correa, que son los tops del ránking, a pesar del 1,9% de crecimiento en Ecuador y un respetable 7% de Colombia en el 2007, que, de todos modos, es inferior al índice peruano. Es cierto que la coyuntura de riesgo bélico que pasaron aumentó sus bonos, pero no fueron más de seis puntos.
Buscamos una clave, entonces, por defecto profesional nuestro, en la imagen televisiva. Mientras Uribe se presenta sobrio, pero a la vez histriónico cual 'celebrity' (palabra de Rincón) y Correa hace un aprendizaje acelerado de dominio de medios y narrativas, apelando a ubicarse con coquetería y desplantes en el 'star system' latino; García, hombre de viejo partido, sigue cultivando la oratoria y el debate ideológico de papel. Mis colegas no podían entender, por ejemplo, por qué Alan no fue al encuentro de Santo Domingo, hito comunicativo del presidencialismo regional. Yo tampoco. La conclusión estaba sobre la mesa: Alan se ha vuelto un liberal económico y un conservador mediático.