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El papel que el presidente García está perdiendo

Por: Juan Paredes Castro |

Lo que más les afecta a Alan García y al país no son los puntos que él pierde en las encuestas, sino el papel que pierde cada día como jefe de Estado.

En este punto crucial de omisión radica gran parte de la desconexión social y del descontento reflejado en las encuestas.

García debe comprender que del buen ejercicio y desarrollo de su papel como jefe de Estado depende que la gestión del gobierno tenga la dirección, articulación, organización y coordinación necesarias. Posiblemente, la aconsejada comunicación pública de la obra gubernamental sea también importante, si se piensa que no solo los ministros tienen que hablar, sino también sus voceros. Pero más lo es la necesidad de marcar la agenda del país (qué queremos ser y hacer por fin) y las señales a futuro (la predictibilidad vital de estos tiempos) que nos permitan saber qué nos espera a la vuelta de la esquina nacional.

Un país socialmente desarticulado como el nuestro y con un sistema político frágil y desconfiable reclama liderazgos fuertes que le permitan ir cerrando brechas y llenando vacíos aquí y allá. Hombres-bisagra, por decirlo así. Y entre esos liderazgos por reavivar (de los que los partidos políticos son ajenos) está el del jefe de Estado, con su función convocante y concertadora.

Sus reuniones con los presidentes regionales son un ejemplo de lo que García puede hacer por desconcentrar el poder presidencial y facilitar las condiciones de macrorregionalización. Otras formas de concertación y articulación tendrían que llevarlo a construir horizontes en el campo empresarial-laboral-sindical (tan urticante y complejo), donde el apoyo experimentado de un ministro como Mario Pasco podría contribuir a rescatar y sacar adelante el Pacto Social, hoy tan venido a menos. Tampoco tendría que perder su visión de Estado en la suerte de otros grandes temas, desde la educación y la justicia hasta la reforma de la administración pública y el combate a la corrupción.

Necesitamos ver, pues, a un García trabajando por la articulación y los horizontes del país. No necesariamente sumido, cada día, en el seguimiento gubernamental que corresponde más a sus ministros y a veces ni siquiera a estos. ¿Qué hacen, digamos, viceministros y directores generales? Tienen competencias y responsabilidades por las que deberían responder, incluso con más claridad que los ministros o que el propio presidente de la República.

División de roles, arriba y abajo. Gestión pública eficiente, arriba y abajo. Visión de mediano y largo plazos, arriba y abajo. No es mucho ni menos para un gobierno que debe conducir un histórico crecimiento económico.

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