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HACIA DÓNDE NOS LLEVA LA ECONOMÍA

Grietas en los mercados

Por Richard Webb. Economista

Confiábamos en el muro. Era sólido, pero un día cualquiera lo miramos como de costumbre y, por primera vez, advertimos una grieta. ¿Estuvo allí siempre, o es que no la habíamos notado? ¿Es solo superficial o el inicio de un derrumbe? Una evaluación semejante se viene produciendo con relación al funcionamiento de los mercados. En los últimos meses, varias grietas han saltado a la vista en la fachada de esa poderosa institución, más notablemente en los mercados de las finanzas, la energía y los alimentos, y nos cuesta decir si se podrán resanar fácilmente o si empieza a desplomarse el edificio principal de la economía.

El resquebrajamiento más impactante es el de los mercados financieros. Dormíamos confiados en la seguridad de nuestros ahorros, tranquilizados por expertos que explicaban cuán sofisticados eran los modernos instrumentos financieros, como los derivados, los 'swaps', los fondos de cobertura y las opciones futuras que, supuestamente, hacían desaparecer el riesgo. Cuando el economista Joseph Stiglitz cuestionó las bases teóricas de la estabilidad y la eficiencia de los mercados financieros, su acierto teórico fue reconocido con un premio Nobel, pero en la práctica nadie se preocupó debido a que las bolsas y los valores inmobiliarios seguían subiendo. Hasta que, repentinamente, empezaron a caer bancos importantes, otros registraban pérdidas inauditas y otros eran rescatados por los gobiernos. Nadie sabe cuán grave será la crisis, pero el crédito se vuelve escaso, los valores fluctúan locamente, empieza una recesión y surgen dudas acerca de la acción benigna del sistema de mercado financiero.

Algo parecido ha sucedido con los mercados internacionales de alimentos. Los antiguos criterios del autoabastecimiento y de la seguridad alimentaria nacional se suponían enterrados por el avance del comercio entre países. El mercado internacional se volvía la solución para abastecerse de alimentos en forma barata y segura, aceptada por una mayoría de los políticos y de la opinión pública. Pero en el lapso de apenas dos meses, varios países productores han cerrado sus exportaciones, los precios del trigo y del arroz se han doblado y los de otros alimentos, como el maíz y la soya, han subido fuertemente. Las alzas abruptas y escaseces absolutas detonaron una explosión de motines callejeros en Egipto, Haití, Camerún, Burkina Faso, Mauritania, Senegal, Guinea, México, Pakistán e India. Según el presidente del Banco Mundial, las alzas de los alimentos amenazan la estabilidad política en unos 33 países. Más aun, las turbulencias en los mercados financieros y de alimentos parecen reforzarse. En Washington se lleva a cabo un foro para evaluar cómo la creciente volatilidad e inoperancia de los instrumentos financieros contribuye a la crisis de los agricultores en Norteamérica.

Un tercer mercado en crisis es el energético, donde hoy observamos precios extravagantes y amenazas de escaseces en países que no logran autoabastecerse. Eventualmente, los mercados reaccionarán, creando una mayor producción y restableciendo el comercio internacional, pero el plazo para la tolerancia es corto cuando están en juego los alimentos básicos, y quizás aun más corto en el caso de la energía para el funcionamiento normal de la producción y del transporte y de casi toda actividad de la vida moderna.

La coincidente aparición de grietas podrá servir para una corrección de rumbo. La historia ha demostrado que no hay alternativa a los mercados, pero estos harán mejor su trabajo si se pone una mayor atención a la regulación y a la olvidada acción colectiva. Además, el individualismo no bastará para proteger al mundo de un desastre ecológico o para combatir el crimen, el narcotráfico y la extrema desigualdad. Es hora de un resaneamiento del muro.

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