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Falta una cruzada popular

Los mandatarios dedicados a liderar grandes cruzadas tienden a tener aprobaciones altas. Las cruzadas de Alan García, en cambio, son muchas, débiles e inconstantes

Por Jaime de Althaus Guarderas

Tenemos la tasa de crecimiento más alta en América junto con uno de los índices de aprobación presidencial más bajos. Una explicación es el grado de identificación de la población con su gobernante. Los mandatarios dedicados a liderar grandes cruzadas tienden a tener aprobaciones altas. Álvaro Uribe es, de lejos, el presidente más popular, debido a su fuerte liderazgo en la lucha contra el terrorismo en las provincias mismas. Esa es su cruzada. Otros presidentes llevan adelante una cruzada antiimperialista y antisistema (Correa, Evo Morales y Chávez), y gozan todavía de una popularidad que se ubica por encima del 50%, pese a los problemas económicos y políticos que van engendrando y que, a la postre, probablemente acabarán con ellos. Mientras tanto, sin embargo, consiguen la simpatía del pueblo, porque dan la impresión de identificarse con él, de luchar por sus intereses.

Pero hay también presidentes --como el propio Uribe, Felipe Calderón en México, Saca en El Salvador, Torrijos en Panamá y el propio Lula en Brasil-- que obtienen niveles altos --por encima de Hugo Chávez-- practicando políticas de mercado ortodoxas. En el caso de Felipe Calderón la clave está también en una cruzada: le ha declarado una guerra sin cuartel al narcotráfico, que asola México. Además, ha logrado controlar la oposición disruptiva de López Obrador --en un país con alta cultura institucional, según Jorge Nieto--, y programas sociales como Oportunidades, funcionan. Lula, por su parte, lidera la gran cruzada "hambre cero", que da resultados concretos.

Las cruzadas de Alan García, en cambio, son muchas, débiles e inconstantes y solo convocan a algunos sectores. Las cruzadas por superar económicamente a Chile o atraer más inversión para generar más empleo, por ejemplo, son correctas pero parecieran comprometer solo a sectores empresariales altos o medianos. La mayor parte de los peruanos están al margen debido a los altos costos de la formalidad y la falta de infraestructura: hacen falta las reformas laboral y del Estado. Porque incluso una cruzada como la de conquistar los mercados externos dejaría de lado a una proporción amplia de los peruanos que está en la informalidad o aun débilmente conectado al propio mercado nacional.

Por eso, la primera y más popular cruzada sería la de liderar a los peruanos en la conquista de su propio mercado interno y luego del externo. Esa fue la cruzada que emprendió Fernando Belaunde en su primer gobierno con las carreteras y con Cooperación Popular. Fue la que le permitió a Fujimori reelegirse y luego re-reelegirse. Pero es la que García ha abandonado, entregándosela a los presidentes regionales y alcaldes, que ni atan ni desatan. El paquete tecnológico-productivo para sacar a los campesinos andinos de la pobreza y permitirles conquistar el mercado, ya existe. El presidente debería liderar su adopción en la sierra entera.

Ante el alza mundial del precio de los alimentos, se reacciona con un programa de distribución de bolsas alimentarias en Lima. Está bien. Pero mucho más efectivo sería responder, además, con la mencionada cruzada, para que los mismos pobres aumenten de manera sostenible y creciente su producción, sus ingresos y su dignidad ciudadana.

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