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EDITORIAL

¿Intolerancia cándida o afán de figuración?

Resulta descabellado que la administración de justicia deba dedicar parte de su precioso tiempo a atender demandas absurdas, como los cuatro hábeas corpus interpuestos contra el escritor Mario Vargas Llosa.

Estas demandas contravienen nuestro orden constitucional y legal, que más bien garantiza la irrestricta libertad de opinión, sin cortapisas de ningún tipo. Es más, un hábeas corpus solo procedería ante un hecho u omisión que vulnera o amenaza la libertad individual o los derechos constitucionales conexos a ella.

¿Y a quién dañan las apreciaciones personales de Vargas Llosa? El laureado escritor dijo estar de acuerdo con las políticas que aplica el gobierno aprista, pero según los demandantes esas declaraciones inducen al error a la comunidad nacional e internacional sobre la situación política y económica del país. ¿Lo denuncian por discrepar con ellos? ¿Desde cuándo un personaje público no puede expresar lo que piensa? ¿Y desde cuándo un líder de opinión debe callar sus puntos de vista porque son diferentes a los de otros? ¿Otro caso de intolerancia o mero afán de figuración?

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