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La desintonía entre palacio y el Congreso

Por: Juan Paredes Castro |

No es cierto que no haya comunicación entre el Gobierno y el Congreso. Lo que pasa es que se trata, en mucho, de una comunicación de teléfono malogrado. Y algo más: una comunicación de enlace subalterno.

Hace mucho tiempo que hace falta, entre estos dos poderes del Estado, un enlace del más alto nivel, capaz de dejar atrás el viejo estilo de mayordomía que lleva y trae esto y aquello, de la Plaza de Armas a la Plaza de la Inquisición, y viceversa.

Alguna vez sugerimos la designación de un oficial mayor gubernamental como equivalente del oficial mayor parlamentario. Esto elevaría el nivel de comunicación y entendimiento entre las prioridades palaciegas y de la PCM y las del Legislativo, sin mengua de la independencia y las prerrogativas de cada cual.

En momentos en que se debate la necesidad de que el Gobierno mejore su gestión y su comunicación, y estando ambas tareas volcadas en buena parte a las coordinaciones con el Congreso, nada mejor que pensar en una reingeniería básica y expeditiva, orientada a garantizar la fluidez de innumerables asuntos de interés público, hoy metidos en los cuellos de botella burocráticos de ambas instancias.

No es que solo los procesos y trámites de las inversiones, privatizaciones y concesiones tienen que despejarse aun más, principalmente en un período de acelerado crecimiento. También constituye una exigencia de especial importancia el hecho de que el Congreso y el Gobierno funcionen bien por separado y entre sí. Así, el presidente Alan García no tendría que quejarse ásperamente del desempeño parlamentario ni pretendería dictarle su agenda, como de la misma manera la parlamentaria Mercedes Cabanillas y sus colegas de bancada Mauricio Mulder y Javier Velásquez Quesquén evitarían exponerse al maltrato presidencial.

La última esgrima verbal entre el mandatario y algunos voceros legislativos ha sido tal que demuestra el grado de deterioro al que pueden llegar rápidamente las relaciones entre el Gobierno y el Congreso.

Alan García y Luis Gonzales Posada deberían resolver cuanto antes el problema del enlace y la comunicación entre sus respectivos despachos, partiendo por reconocer lo que actualmente tienen: una simple ventanilla de mesa de partes a cada lado, que no es precisamente garantía de nada.

Cuán redistributiva puede ser esta medida a favor de la aprobación gubernamental y legislativa, no lo sabemos. Pero repercutirá en una mejor calidad del tratamiento de los asuntos parlamentarios y de aquellos otros que provengan del Ejecutivo y vayan hacia él.

Eso de que modernidad y la eficiencia son patrimonio del sector privado viene a ser un reverendísimo mito. Ambos valores pueden y tienen que penetrar en la gestión pública y reflejarse en el buen servicio del Estado al ciudadano.

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