Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

Baile de rostros y máscaras

Por: Juan Paredes Castro |

El rechazo del Parlamento Europeo a incluir al MRTA en una lista de organizaciones terroristas ha causado en el Perú un berrinche político multicolor, con su correspondiente baile de rostros y máscaras.

La susceptibilidad antiterrorista entre los peruanos es obviamente muy grande, pero la condena común a un hecho como este tiene sus extremos y centros, sus ángulos y vértices.

Quizá no habría pasado absolutamente nada si la embajada peruana en Bruselas no hubiera insistido en una votación supuestamente asegurada, pero propensa a cambiar a última hora, como, efectivamente, cambió, y si la Asociación pro Derechos Humanos (Aprodeh) no hubiera cometido el error de entrometerse, certificando (¡a título de qué!) que el MRTA estaba desarticulado e inoperativo.

¿Por qué Aprodeh tuvo que mostrar tan innecesario acomedimiento político? A menos de que realmente tuviera interés especial en sacarle las castañas del fuego al MRTA. Ello le ha valido convertirse en la piñata del día, ponerse en el blanco coercitivo de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional (APCI) y asomarse al borde de un linchamiento internacional. El MRTA no tendría que haber merecido la carta que Aprodeh dirigió al Parlamento Europeo. Salvo, pues, que mediaran algunas razones poderosas de complicidad que los peruanos quisiéramos saber.

En el baile de rostros y máscaras de este berrinche están quienes abominan toda clase de violencia terrorista, venga de donde venga, en defensa de principios y valores democráticos y de respeto a los derechos humanos. Y aquellos otros, del bando fujimorista y humalista, unidos en su condena a Sendero y el MRTA, pero también complacientes solidarios con el terrorismo de Estado, algunas de cuyas ruedas de molino han llevado a muchos, incluido Fujimori, a la cárcel y a los estrados judiciales.

Con las ONG dedicadas a los derechos humanos pasa lo mismo. Unas contra toda forma de terrorismo. Otras, como Aprodeh, preocupadas en ver la paja en el ojo ajeno (el terrorismo de Estado) y no la viga en el propio (a la hora de hacerle el juego al MRTA).

Lo peor de todo es que habiendo aumentado el número de democracias en el mundo, estas no se sienten internacionalmente protegidas. Van, en su variedad restrictiva, desde las secuestradas dictatorialmente como en Venezuela hasta las prisioneras de la violencia terrorista como en Colombia. Es más: no hay carta democrática de la OEA capaz de revertir una y otra situación.

¿Si las FARC quieren llamarse fuerzas beligerantes, por qué el MRTA no podría perseguir lo mismo si tiene de su lado a defensores de derechos humanos y a un gobierno democrático al que se le va la paloma en Estrasburgo?

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook