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ENTRE LÍNEAS

El viaje interior

"Al pie del Támesis" vuelve a explorar uno de los viejos temas de Vargas Llosa: la castración de un joven de la clase media miraflorina y las desmesuradas consecuencias que se desprenden de este hecho. Al igual que Pichula Cuéllar, el inolvidable personaje de "Los cachorros", Pirulo Saavedra es un joven estudiante del colegio Champagnat, víctima de una traumática experiencia que, con el paso del tiempo, acabará poniendo en duda su masculinidad y su lugar en el mundo; con sutiles diferencias, lo mismo podría decirse del otro personaje de la obra, Chispas Bellatín, el mejor amigo de Pirulo, que también vivirá marcado por lo que ocurrió entre él y su viejo compañero en las duchas del colegio.

De todas formas, a pesar de la similitud en escenario y anécdota, las diferencias entre "Al pie del Támesis" y "Los cachorros" superan a sus semejanzas. En primer lugar, la castración del personaje de Pirulo Saavedra no es accidental como la de Pichula Cuéllar, sino absolutamente voluntaria; y en segundo lugar, el rumbo que desde entonces tomará la vida de su mejor amigo (Chispas Bellatín) no resulta tan aparente y visible como aquel que en la clásica novela de 1967 emprende Cuéllar tras el ataque de Judas, sino más bien interior, sutil e invisible. Vale la pena resaltar que, a pesar de ser una obra menor en el catálogo vargasllosiano, "Al pie del Támesis" captura al lector no solo por la luz que va echando sobre sus personajes, sino también sobre la obra del autor en su conjunto.

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