Por Rafael Valdizán
El título del nuevo álbum de Whitesnake, "Good to Be Bad", bien viene a cuento no solo para el caso de las flamantes canciones que lo integran, sino también para la totalidad de una historia construida en principio sobre las primeras cenizas de Deep Purple y posteriormente con voz propia, como base de operaciones de su figura excluyente: David Coverdale.
Por eso no sorprende que en algunos países de Sudamérica los boletos para verlos hayan volado: en Manaos (Brasil) se agotaron en una semana, en Sao Paulo (también en el vecino país) la cosa va por similar camino y en Buenos Aires el aforo del Luna Park quedó corto. La avidez por ver de vuelta a un monstruo que se había dejado extrañar por largos años es, pues, absolutamente justificada.
Razones sobran: no solo estamos ante una megabanda, de esas a los que el término 'histórico' cubre de pies a cabeza, sino que también, luego de escuchar el "Good to Be Bad", nos obliga a quitarnos el sombrero, con venia incluida. Vaya retorno. Poderoso. Como si, catarsis de por medio, todos estos años de silencio hubiesen acumulado fuerza pura en sus componentes actuales: Mr. Coverdale en la voz; Reb Beach, magnífico hombre de cuerdas, recordado por su paso por diferentes ensambles: desde la banda de apoyo de Alice Cooper hasta Winger, pasando por Dokken y Night Ranger; Doug Aldrich, quien antes ofreció sus servicios guitarreros en Dio, Hurricane, House of Lords y Bad Moon Rising; Chris Frazier (batería); Uriah Duffy (bajo) y Timothy Drury (teclados).
Si en los años 70 y 80 Whitesnake estuvo orientado hacia un hard rock bluesero y si en los años 90 anduvo por los explosivos senderos del metal, el "Good to Be Bad" podría situarse como la lógica continuación de tiempos más recientes; es decir, dentro de un metal de guitarras virtuosas, repletas de artificios técnicos, pero a la vez con una parte del oído colgada en posición retro, atenta a las raíces, lo que hace de este trabajo un exquisito recorrido a modo de compendio de etapas.
Así, podemos aspirar mucho blues en temas como "Lay Down Your Love" (que encuentra referencias en el clásico "Still of the Night") y "A Fool in Love", con punto de comparación con el viejo "Cryin' in the Rain"; en tanto, la energía del metal se desdobla en piezas como "Best Years", "Can You Hear the Wind Blow" y la notable "All for Love" cuando no fluye el rock and roll en "Got What You Need". No pueden faltar 'power ballads' como "All I Want All I Need" y "Summer Rain".
En la parte lírica, Coverdale no pierde la costumbre de contarnos al oído historias lúbricas de amores apasionados, sufridos, quemantes, con voz grave, cuyo encantamiento proviene de sus fluctuaciones, pues puede pasar de tímidos susurros a los más efusivos y acalorados arranques vocales.
No hace falta que le diga que el concierto que Whitesnake dará, el 20 de mayo en la tribuna norte del Estadio Nacional, es de carácter obligatorio: corra y adquiera su entrada en Teleticket de Wong y Metro.
El concierto que White Lion dio, el miércoles 23 en Vocé, fue muy celebrado por una platea llena. Lástima que empezara tan tarde (11:30 p.m.), por ello nuestro fotógrafo no pudo registrarlo, ergo, no hubo posibilidad de hacer una crónica. Desde el saque, la banda de Mike Tramp se metió al bolsillo a los de abajo en un recital en el que fluyó una química envidiable entre banda y público. White Lion sonó muy bien y nos recordó grandes momentos con temas como "Broken Heart", "Wait" y "Lady of the Valley". En el mismo recital se anunció la visita de otra banda ligada al glam metal: Ratt. La formación actual incluye a Stephen Pearcy (voz), Warren DeMartini (guitarra), John Corabi (guitarra), Bobby Blotzer (batería) y Robbie Crane (bajo). Ampliaremos. Siguiendo con las visitas a nuestro país, el martes 3 de junio caerá por estos lares la banda Rotting Christ. Los griegos son exponentes clásicos del black metal. La cita será en Mao Bar (Belén 1046, Lima). Entradas en Genocidio Recs. y Morbid de Galerías Brasil, y en Cold Blood.