ENTREVISTA LUIS ALVA LUEGO DE 30 AÑOS DE TITÁNICO ESFUERZO, LUIS ALVA DECIDIÓ QUE ESTE AÑO PROLÍRICA PRESENTARA SU ÚLTIMA TEMPORADA. EL CELEBRADO TENOR CONFÍA EN QUE OTROS TOMARÁN LA POSTA PARA QUE LA LÍRICA SIEMPRE SUENE ENTRE NOSOTROS
Por Enrique Planas
Cuando la maestra Rosa Mercedes Ayarza de Morales escuchó cantar al joven cadete de la Marina Luis Alva, le dijo apuntándole con el dedo: "Tu futuro no está en la Marina; está en tu voz". La profesora de canto resultó ser además una gran pitonisa, pues desde que a fines de la década del 40 el joven tenor partiera a Italia, el éxito no dejó de sonreírle. Por entonces, Lima era un verdadero páramo para la ópera. La ciudad estaba sumergida en un triste letargo lírico, recuerda Alva, quien a los 81 años lleva a la empresa Prolírica a su última aventura.
Alva recuerda cómo comenzó todo. En 1976, el tenor se encontraba en Salzburgo participando en el prestigioso festival de ópera austríaco, y se le acercó un señor que hablaba un español marcadamente germánico. Se trataba de Óscar Heineberg, entonces el presidente de la Sociedad Filarmónica de Lima. "Me dijo que querían festejar los 70 años de vida de esta institución, la más antigua de toda América, con algo que no sea un concierto. Yo pensé que eso sería muy difícil, especialmente en una Lima en la que no había ni actividad ni infraestructura para la lírica. Entonces le propuse una obra ganadora, con un probado impacto de público, muy alegre: "Il matrimonio segreto" (El matrimonio secreto), de Domenico Cimarosa. Era una ópera fácil de montar, tiene seis personajes, no hay coro, y la orquesta es de cámara. Y él aceptó", señala el tenor y regista.
Entonces el director teatral Osvaldo Cattone hizo la dirección artística y el vestuario fue un generoso préstamo de La Scala de Milán. "Recuerdo que en lugar de las tres funciones programadas, hicimos cinco dado el interés del público que llenó el Teatro Municipal", comenta Alva. El éxito fue tan sonoro, que al año siguiente la Municipalidad de Lima quiso auspiciar una nueva temporada de ópera para la ciudad, y Alva cantó en esa ocasión " L'elisir d'amore", de Donizetti , acompañado por intérpretes extranjeros que vinieron a nuestro país por amistad con el buen Luigi. Al año siguiente, conversando con amigos como el empresario minero Luis Rodríguez Mariátegui, nació la idea de formar una asociación de amigos para promover la ópera. Y así nació la recordada Fundación Pro Arte Lírico (Fupal), el origen de la actual Prolírica. Treinta años casi sin interrupciones, muchas veces nadando contra la corriente, capeando las crisis económicas, la falta de auspicios, la indiferencia del gobierno. Sin embargo, el octogenario tenor ya siente que el trabajo en Lima se le ha vuelto demasiado pesado y, con pena, anuncia el retiro.
Quien lo ve dirigir, aprecia su estilo tranquilo y conciliador con su equipo. ¿Cómo fueron sus primeras direcciones? ¿Era un regista mucho más ansioso y gritón?
Yo he tenido mucha suerte, siempre he tenido un buen diálogo con los directores importantes con los que he actuado. El primero fue Giorgio Strehler, director del Piccolo Teatro de Milano, en 1955. Él me agarró totalmente virgen. Yo tenía mi modo de presentarme, ponía los pies de determinada manera, y no sabes de qué manera me gritaba. Nos odiamos, pero después terminamos besándonos. Era un director de quien aprendí mucho. Posteriormente he trabajado con Franco Zeffirelli, haciendo "Falstaff", de Verdi, en el Metropolitan. Y se decía que yo era un buen actor. Yo no pienso solo en la voz. La voz es el instrumento, pero hay que vestirla con el gesto adecuado, de modo que el público tenga interés en ti, pero sin hacer payasadas. Por supuesto, yo he hecho muchas payasadas, pero donde cabía hacerlas...
Supongo que al lado de María Callas no podía hacerlas...
De María aprendí muchísimo, en el sentido de que era una profesional cien por cien. Cuando ensayábamos para "El barbero de Sevilla" en La Scala, que fue mi debut en el 56, me preparé muy bien, por supuesto, y entraba muy puntual al teatro. Ella, sin embargo, llegaba una hora antes. Se sentaba al piano, hacía sus acordes, sus escalas, calentaba la voz. A las once comenzaba el ensayo, y algunos colegas no llegaban aún. No te imaginas cómo le amargaba la impuntualidad. Y tenía razón. Ella pretendía que todos fueran profesionales, que dieran el ciento por ciento. Creo que ella dejó una huella en mí.
RETIRO ANUNCIADO
En diferentes entrevistas ha dicho que iba a seguir con Prolírica hasta que las fuerzas le alcanzaran. Ahora que ha anunciado el fin de Prolírica, ¿qué ha pasado con esas fuerzas?
Me ha salido un mollero en el brazo por jalar tantas hojas del calendario. He llegado a la tierna edad de 81 años, estoy bien de salud, pero no me ayuda mucho la vista. Me ha caído uno de esos males que no me deja trabajar como quisiera. Son cosas que me han mermado un poco, y comprendo que son las fases de la vida. No me voy a retirar del todo, voy a seguir con la docencia en La Scala, que es mi casa, y seguiré participando como jurado de concursos. Pero la actividad en Lima me tomaba mucho tiempo. En vista de que hemos sembrado en un terreno fértil y que han nacido otras actividades al lado, espero que la actividad lírica continúe en Lima, aunque sin Prolírica.
¿Es muy diferente la Lima de hoy a la ciudad que vio nacer a Prolírica?
Indudablemente ahora la gente va a la ópera sabiendo un poquito más de qué se trata. Hay mucho mayor interés por el espectáculo lírico.
¿Y qué va a suceder con Prolírica? ¿No encontró a alguien a quién cederle la posta?
Mira, con todo respeto a mis amigos, no he encontrado a la persona para que cumpla totalmente esa función. A mí me ha servido la experiencia, el haber conocido a gente de quienes he aprendido mucho. Siempre me he preocupado que todo tenga un nivel profesional. Personalmente, no recuerdo un título que nos haya salido mal. Pueden haber salido algunas obras más débiles que otras, pero siempre nos hemos preocupado porque el producto tenga la calidad exigida en las mejores ciudades del mundo.
Prolírica siempre ha sido la niña de sus ojos. ¿No será que usted es demasiado celoso para confiársela a otras manos?
Puede ser. De todas maneras, el mundo va a seguir dando vueltas.
Juan Diego Flórez viene ofreciendo una espectacular temporada en Nueva York, y recientemente el "New York Times" ha publicado una entrevista suya en la que lo señala a usted como una de sus principales influencias...
Me da mucho gusto. Lo que pasa es que con Juan Diego nos hemos conocido desde que él estaba en el coro, cuando montábamos "Luisa Fernanda", en sus primeros pasos. Me ha dado muchísimo gusto ver la subida vertical que ha tenido desde su primera presentación en Pésaro. Me da muchísimo gusto que esté haciendo una linda carrera; le deseo lo mejor.
¿Ha escogido por alguna razón especial "Madama Butterfly" para cerrar estos 30 años de trabajo?
"Madama Butterfly" debía haberse puesto el año pasado. Yo tenía compromisos con artistas a quienes había invitado y a quienes tuve que pedir disculpas. Este año es muy especial. Se celebran los 150 años del nacimiento de Puccini, un evento que se recordará en todo el mundo. Por eso, hemos pensado poner en la Catedral su "Misa de gloria". Además, si ya tenía la deuda el año pasado, ¿por qué no poner esta obra que ya teníamos anunciada? Esa es la razón. Personalmente, me hubiera gustado hacer "El tríptico", de Puccini ("Il tabarro", "Suor Angelica" y "Gianni Schicchi"). También me hubiera gustado hacer una monumental "Turandot". Pero eso es una inversión mayor. Así que nos quedamos con "Madama Butterfly" para bajar el telón.
¿Cuál ha sido su recuerdo más feliz en estos 30 años?
Es difícil elegir entre episodios positivos. El hecho de haber traído a grandes cantantes, para lo cual me he valido de la amistad que tenía con ellos, ha sido un motivo de orgullo. Luciano Pavarotti, Victoria de Los Ángeles, Teresa Berganza, además de buenos directores de orquesta. He tratado de dar cabida lo más posible a los elementos locales haciendo audiciones cada año. Comprendo bien que hay cantantes jóvenes que aspiran a la carrera lírica. Y, sobre todo, quise no exponerlos a cosas que ellos quisieran hacer, pero que no les quedarían bien. Quiero hacerles comprender que hay que saber ubicarse en lo suyo; no necesariamente es lo mejor hacer el rol principal. Espero que mis compatriotas cantantes me hayan comprendido y no me odien.
¿Por qué no esperar un poco y pensar en un Teatro Municipal reconstruido como escenario perfecto para el final de Prolírica?
¡Puedo venir a verlo y aplaudiré! Ya aplaudo desde hoy la iniciativa de reconstruirlo. Estuvimos con el alcalde y él nos dio esa buena noticia. Me da muchísimo gusto, porque es un deber reabrir las puertas del Municipal, un teatro que podría estar en cualquier parte del mundo, como era y donde era.
Usted ha sido una de las voces más fuertes para llamar a la reconstrucción del Municipal. ¿Reconstruirlo como fue originalmente es lo mejor?
La Fenice de Venecia también sufrió el mismo percance. Son grandes monumentos. Hay que modernizar su infraestructura técnica, pero la sala, y lo que representa ese teatro para el público, creo que es un deber mantenerlo como era, respetando sus líneas y formas.
QUÉ SE VIENE
Se alista "Madama Butterfly"
4Prolírica se despide con una temporada que pretende ser memorable. El 24 de octubre, en coproducción con el INC, ofrecerá en la Catedral de Lima el concierto sinfónico coral "Messa di Gloria", de Giacomo Puccini, además de la Sinfonía N° 49 en fa menor "La Passione", del compositor Franz Joseph Haydn, con la interpretación de la Orquesta Prolírica dirigida por Luis Antonio Meza. Destaca la participación del tenor John Schofield.
4Asimismo, el jueves 30 de octubre será el estreno de "Madama Butterfly" en el teatro Segura, y continuará la temporada el 1, 4, 6, 8 y 11 de noviembre. En el elenco reúne a la aplaudida soprano japonesa Hiroko Morita Suzuki, quien interpretará a la atribulada Cio Cio San, al tenor venezolano Víctor García Sierra y al uruguayo Juan Carlos Valls. Como en años recientes, el maestro concertador será el italiano Marco Tittoto y la regia de Luis Alva.