Nueva Zelanda sin límites
Por Eduardo Lavado Gagliardi
Quienes viajan hacia Australia, en la ruta más utilizada por los sudamericanos, tienen que hacer una parada obligada en Auckland antes de llegar a su destino. Allí descubren un aeropuerto que se caracteriza por el trinar de las aves y muchos elementos de ascendencia maorí. Y eso es tan solo el punto de entrada a Nueva Zelanda, un país donde la naturaleza aún predomina pese al avance del hombre, y que ha sido descubierto por muchos recién cuando uno de sus hijos predilectos, Peter Jackson, lo usó como escenario monumental para la trilogía de "El señor de los anillos".
Dos islas componen esta nación que originalmente estuvo habitada solo por aves. Y más allá de la modernidad de Auckland, la hermosa bahía de Wellington o las excursiones para avistar ballenas camino a Christchurch, esta vez vamos a enfocarnos en Queenstown, ciudad ubicada en la parte inferior de la Isla Sur y que es el imán de la isla para todos aquellos amantes de los deportes de aventura.
SALUDOS, MOCHILEROS
Situada en las orillas del hermoso lago Wakatipu, Queenstown está rodeada por unas majestuosas montañas a 310 metros sobre el nivel del mar. A diferencia del orden y la formalidad que uno pudo dejar atrás en Auckland, lo primero que le llamará la atención aquí es la energía y la buena disposición de sus habitantes. En cada cuadra descubrirá hoteles para mochileros y turistas ávidos de aventura. Por lo mismo, no faltan los bares, los lugares de comida rápida, las cabinas de Internet y las mesas de pool. Por $80 (1 dólar neozelandés equivale a US$0,78) puede alojarse en un hotel del tipo B&B (Bed and Breakfast) que no será lujoso, pero le permitirá empezar a compartir sus experiencias con viajeros del planeta entero (de nuestro continente lo que más abundan son los siempre entusiastas brasileños).
Los europeos suelen acudir a Queenstown durante los meses de julio a noviembre (que es cuando pueden esquiar en sus montañas), pero para quienes nos gusta más el sol y la aventura, las fechas ideales coinciden con nuestro verano y las actividades más recomendadas son el temerario bungy y los viajes a toda velocidad sobre los ríos, el jet boat.
SALTO AL VACÍO
En 1987, AJ Hackett sorprendió al mundo entero, y en especial a los franceses, al lanzarse desde lo alto de la torre Eiffel y rebotar antes de estrellarse contra el suelo gracias a unas cuerdas elásticas especiales. Al año siguiente, y gracias a la promoción que logró tras su hazaña, abrió en Nueva Zelanda el primer lugar desde donde se practica este deporte extremo llamado bungy y que tiene su origen en una curiosa ceremonia tribal que realizaban los nativos de Vanuatú.
Kawarau Bridge es el primer punto que abrió AJ en Nueva Zelanda. Se trata de un puente construido en 1880 y situado a 43 metros por encima del río Kawarau. El marco es impresionante. La naturaleza lo rodea a uno por completo y la delgada línea de agua cristalina se convierte en el imán que nos llama a sus brazos cuando nos colocamos al borde del abismo. Previamente, en el auditorio del lugar hemos visto un video y hemos recibido una charla sobre la resistencia y elasticidad de las lianas artificiales que nos sujetarán las piernas. Es lo único que evita que nos estrellemos contra ese espejo líquido. No hay cascos ni arneses. Por ello, no se sienta mal si lo duda más de una vez.
Finalmente lo hacemos. La caída al vacío dura unos cinco segundos, en los que la adrenalina copa nuestros sentidos. Y cuando el bungy entra en acción no sentimos un tirón ni nada por el estilo. La elasticidad de las cuerdas nos deja bamboleando sobre el río un par de minutos hasta que un bote llega a descolgarnos. Una experiencia sin igual que está cifrada en $160 (incluyendo una camiseta de recuerdo y el transporte). Puede llevarse el video y las fotos por $80 adicionales.
METEORO ACUÁTICO
Si no se animó a lanzarse al vacío, existen otras opciones para liberar las tensiones. A unos 45 minutos de Queenstown está el río Dart, uno de los más extensos, pero a la vez más delgados de la isla. Aguas cristalinas que discurren entre curvas y parajes verdes y que podrá recorrer, junto con unos seis acompañantes, a más de 100 km/h a bordo de los jet boat. La pericia del piloto lo dejará boquiabierto, pues pasará pegado a las rocas, dará giro de 360 grados de manera sorpresiva y disfrutará de las montañas nevadas y de escenarios que le harán sentirse un hobbit más. Para completar esta sensación recorrerá, esta vez a pie, la espesa vegetación para estar más en contacto con la naturaleza. La experiencia en total dura cerca de hora y media y cuesta $229. Si quiere algo más reposado, la empresa también ofrece la posibilidad de realizar excursiones en kayak.
BUENO SABER
4 Antes de lanzarse en bungy, cada aventurero es pesado para saber el tipo de cuerda elástica que se le va a atar a los pies.
4 Si uno, así lo quiere, los encargados de colocarle las cuerdas elásticas pueden darle el largo suficiente para que uno pueda sumergir los brazos y la cabeza en el río a la hora de caer.
4 La edad mínima para hacer bungy es 10 años y el peso 35 kilos.
ALLÁ VAMOS
Cómo llegar: Para llegar a Auckland deberá viajar a Santiago de Chile, donde la escala demora unas siete horas. Desde allí le toma unas 12 horas llegar a Nueva Zelanda (Qantas, LAN).
Contactos para Bungy: Queenstown Bungy Centre.