ECONOMÍA
Por Antonio Orjeda
Su madre se inició en la venta de flores al costado del Estadio Nacional y su marido la ayudó. Con Eva Yacsavilca, la historia se ha repetido, solo que ya no al lado del coloso de José Díaz. Evy Flor se llama su empresa, es el mayor importador y distribuidor de flores. Su madre vive orgullosa de ella. Eva sigue adelante, pese a un lastre que la acompaña por lustros: el contrabando.
Los contrabandistas de flores han estado a punto de agredirla.
Porque sufrieron un decomiso y creyeron que nosotros habíamos avisado a la policía, pero no fue así. Se dieron cuenta y todo se normalizó. De lo contrario, no estaría acá para contarlo.
Ustedes empezaron como informales...
¡Pero no había contrabando! Entonces se trabajaba solo con la producción nacional. Comenzamos a traer flores del extranjero en el 93 y el 95 nos vimos en la necesidad de formar una empresa para poder importar.
Los contrabandistas venden libremente frente a su local. ¿Cómo lo enfrenta?
Con productos de buena calidad. Nosotros hacemos el pedido a Ecuador y lo traemos vía aérea: nuestro producto es de primera, lo embarcan en cámaras frigoríficas, llega en buenas condiciones, acá lo recibimos con nuestros camiones refrigerados y, de ahí, pasa a nuestras cámaras. Las condiciones son diferentes. El público que sabe de flores distingue. ¡Pero no la mayoría! La mayoría se guía por los precios.
¿Cuánto la dañó el contrabando?
Bastante; y no solo a mí, también daña a los productores nacionales de flores. Como empresa, nosotros podemos hacer menos importaciones, pero el directamente afectado es el productor nacional.
Felizmente los gobiernos siempre se han preocupado por ustedes, siempre los han apoyado.
Eh... ¿En qué aspecto? (Eva se percata de que nuestra pregunta es irónica) ¡En ninguno! Si se preocupara, controlaría el contrabando, ¡y no solo el de flores! Los gobiernos se preocupan por captar impuestos, no por proteger al empresario. Hoy en día, quienes hacen empresa son valientes, porque hoy en día trabajar en la informalidad es mejor.
¿El Estado no es un buen aliado?
¡Para nada! Hoy ser informal es mejor... Aunque, ni tanto. Hay que estar bien definido.
Claro, porque pese a todo usted es la mayor importadora del país. ¿Cómo lo ha logrado?
Damos buen servicio y buen producto. Esa es la línea.
Su mamá lo comenzó todo.
Sí, junto a mi padre. Empezaron de manera muy informal. Así se hacía antes: no había factura ni guía, solo libretas... Ellos ya dejaron de trabajar hace 20 años.
Son nueve hermanos. ¿Por qué fue usted quien asumió?
Porque soy a la que más le gustó. Tal es así que cuando yo estudiaba, mi mamá no quería que fuera a ayudarla. Es que este es un negocio lindo, las flores son bonitas, pero muy perecibles. Este es un negocio de mucho riesgo. No hay tranquilidad, y mis padres no querían eso para mí. Por eso me decían: estudia.
Su mamá no quería que trabajara en esto. ¿Qué edad tenía cuando usted le daba la contra e igual iba a su puesto?
Estaba en secundaria, porque de niña no le importaba. Pero cuando pasaron los años, me dijo: "No, tú no vas a vender flores, tú vas a estudiar". Pero la pasión por el negocio fue más fuerte.
La mayoría de sus hermanos se fue del país el 85. Usted no.
Yo ya estaba en el negocio. ¡Me gustaba! A pesar de que el país pasaba por un mal momento.
Comenzaba el primer gobierno de García, llegó la hiperinflación. ¿No le pesó?
Sí, pero solo un momento. Nada es fácil: aquí o en la China, si tú no trabajas, ¡igualito va a ser! Además, tenía dos niños. Así que nos pusimos a trabajar y, gracias a Dios, lo que nos propusimos lo logramos. Nuestra visión siempre fue hacer empresa ¡y crecer!
Su familia fue muy humilde, usted creció en Villa El Salvador. ¿Cuánto le enseñó eso?
Mucho. Para trabajar salíamos de madrugada. A las dos, tres de la mañana, ¡y en ese tiempo estaba el terrorismo! Era terrible, pero teníamos que madrugar. Ahora ya no. Ahora el movimiento empieza a las seis de la mañana.
En los 70, además, Villa El Salvador era diferente.
Un arenal donde todos se conocían. ¡Todos! Los grandes empresarios que ahora están en el parque industrial empezaron sus negocios en esteras. Hoy exportan sus trabajos al mundo.
¿Cómo lo explica?
Es que hemos saboreado la necesidad. Imagínate vivir sin luz ni agua. Es un reto. ¿Sabes qué? Yo creo que el ser humano crece cuando sufre. Cuando no, pueden pasar los años y nunca llega a madurar.
Sin embargo, hay padres que suelen cometer un error: para que sus hijos no pasen por lo que ellos pasaron, evitan que pasen por carencias. Y los terminan...
Neutralizando. En mi casa no fue así: los nueve hermanos tuvimos que trabajar junto a nuestros padres para poder salir adelante.
Y por ser la mayor, cuando ellos salían a trabajar usted era padre y madre de sus hermanos.
Sí. Tal es así, que cuando me casé no me afectó porque yo ya estaba preparada. Todas esas cosas han incidido en mi vida. Cuando salía de mi casa, veía a todas las personas de Villa (El Salvador) trabajando en sus talleres... Yo trabajé en una empresa. Gané el puesto por concurso, pero después de tres meses me sacaron por no tener título. Mi jefe me dijo que era una chica competente, pero que así no podía seguir. Ese día lloré. Fue algo tan fuerte que dije: nunca más. Ese señor me había dicho: "No estés triste, las personas competentes, las que están capacitadas, no deben temer. Si hoy pierdes un trabajo, mañana consigues uno mejor". No. "Yo no vuelvo a trabajar en una empresa --le dije--. Algún día yo voy a tener mi empresa".
A los años me lo encontré cuando vendía en el Estadio Nacional. "Eva --me dijo-- tú vas a llegar lejos". Y mira, se ha cumplido lo que él dijo. Pero ahora sé que para llevar una empresa, se necesita estudios. Tendrás las ganas, la intuición, pero para llevar las cosas como se debe y competir, necesitas estudios.
¿Y ahora qué va a hacer? Se preocupó por educar a sus hijos, son ya profesionales, pero a ellos no les interesa su negocio.
Mi hijo ha comenzado a interesarse...
¿Por qué pasa eso? ¿Quizás porque de chicos no los traía a la empresa?
Creo que sí... Mi error fue no traerlos al negocio. Justo de lo que hablábamos: no quería que pasaran por lo que yo pasé... Lo hice inconscientemente.
A veces ocurre.
Sí, sí...
Pero hay tiempo, ¿no?
¡Nunca es tarde! Y ellos mismos se dan cuenta: entran a un trabajo, tienen horarios; es diferente cuando tienes tu propia empresa, ahí todo depende de ti.
¿Conocen su historia? ¿Que la sacaron de un trabajo por no haber terminado sus estudios?
Sí. Por eso estudiaron.
Su negocio es perecible. ¿Cuántas veces se ha quedado con sus flores sin vender?
Muchas. ¡En campañas! El año pasado, la campaña por el Día de la Madre fue horrible. Los aviones no tenían capacidad en sus bodegas para traer nuestros productos. Se fueron rezagando y rezagando. ¡Los clientes no nos entendían! Mira: los contrabandistas tienen más posibilidades, ellos traen como sea su mercadería. Nosotros, por avión ¡para cuidar el producto! ¿Qué pasó? Una parte llegó tarde; la otra, no.
¿Cómo se sintió?
Impotente. No hay explicación que valga: el cliente no entiende.
Y mientras... el contrabandista la pasa lindo.
La pasa lindo.
Bueno, la opción entonces podría ser patear el tablero.
Sí, pero no. Yo sigo adelante.
Ha convertido su puesto al costado del Estadio Nacional en este negocio. ¿Qué dice su mamá?
"Hija, nunca pensé que ibas a hacer esto. Por eso no te dejaba".
Los padres jamás deben ponerles límites a los hijos.
Por eso, cuando mi hijo quiso entrar en el negocio del transporte, yo lo ayudé; para que sintiera la diferencia entre trabajar para otro y tener lo suyo. "Si a ti te gusta --le dije--, sigue". Y ahora que le ha gustado, me ha dicho que me quiere ayudar. Eso me hace feliz, porque mi esposo y yo ya hemos trabajado bastante.
LA FICHA
Nombre: Eva Antonia Yacsavilca de Vásquez.
Colegio: Inmaculada Concepción de Barrios Altos.
Estudios: Cursos de Administración de Empresas en ESÁN.
Edad: 49 años.
Cargo: Propietaria y gerenta general de Evy Flor.