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Rincón del autor

Mente enferma en cuerpo enfermo

Los buenos deportistas son la excepción a la regla y han nadado siempre contra la corriente, contra los dirigentes, contra sus propias federaciones.

Por Abelardo Sánchez León

Al fin, lamentablemente, el deporte peruano se expone en toda su mediocre realidad. Lejos estamos de aquella vocación educativa. El rostro de la escasez de valores, de la sinvergüencería o ineficiencia de sus dirigentes brilla con mayor nitidez. Por fin muestra su cara sin disfraces. La gran mayoría de federaciones son ineptas y poco transparentes, sobre todo la del fútbol, claro, la del vóley, la natación o el box, que es prácticamente inexistente. Se puede escribir toneladas de papel sobre las ruinas del deporte peruano, pero nada se podrá hacer: la incapacidad del IPD brilla a todas luces.

El fútbol profesional es el ejemplo de lo que no se debe hacer. Paralelamente al juicio de Alberto Fujimori ronda la farsa, la burda comedia de los cuatro futbolistas comprometidos en el escándalo del hotel El Golf. Lo más probable es que la segunda instancia de la Comisión de Justicia los declare inocentes, después de seis meses de parodia mediática, y jueguen frente a Colombia y Uruguay. La duda de forma y fondo persiste. La esencia, sin embargo, queda intacta: la camiseta peruana no vale un céntimo y es el equivalente de la vacación que los clubes europeos no les permite hacer allá, en los diversos clubes. Seguramente los veremos jugar, una vez más, e igual darán pena. A pesar de las justas explicaciones de Claudio Pizarro (que reclama inocencia) los futbolistas no tienen amor propio, no tienen agallas e imitan a sus padres putativos, los dirigentes, encabezados por 'el innombrable'.

Los buenos deportistas son la excepción a la regla y han nadado siempre contra la corriente, contra los dirigentes, contra sus propias federaciones. Son personas solitarias, ensimismadas, que se comportan según la verdad de su esfuerzo y no le entran a las trampas. Generalmente viven en el extranjero, donde el Perú no les estorbe. Viven al margen de la tentación de los viajecitos tontos que solo sirven para agradar su vanidad cuando ocupan los últimos lugares. No es necesario mencionarlos, son varios, y el país los reconoce y respeta.

Además del fútbol, nos hemos quedado sin vóley femenino (cuartas en Sudamérica), sin natación (solo un mariposista nacido en Estados Unidos irá a las Olimpiadas), sin básquet, sin box, sin nada. Las excepciones, por cierto, dan de comer a los dirigentes inútiles. La Federación de Natación, por ejemplo, invita a la confusión cuando promueve viajes a torneos europeos sin mayor información de por qué han sido convocados esos nadadores y no otros. Conozco, a pesar de todo, a personas que entregan su vida al deporte. Y me parecen unos santos o unos locos, que en el Perú es lo mismo.

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