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EDITORIAL

¡Y después se preguntan por qué el desprestigio de los políticos!

Llama negativamente la atención el bajo, confrontacional y vulgar nivel de diálogo que propician algunos políticos, sin reparar en el flaco favor que hacen a la democracia y al país. ¡Y después se preguntan por qué está tan desprestigiada la política!

Esta vez los protagonistas fueron el presidente de la región Áncash, César Álvarez, y el ministro de Salud, Hernán Garrido Lecca, quienes se enfrascaron en una áspera discusión, rayana en el insulto, cuando este último pretendió remarcar su autoridad en hospitales de la región ancashina.

Ante esto hay que recordar que la discrepancia y la polémica son saludables y consustanciales a la comunicación política, pero siempre que se mantenga los estándares de lenguaje, corrección, argumento, tolerancia y respeto por el otro.

Así, si queremos recuperar el prestigio de la política y reconciliar a los políticos con la ciudadanía tenemos que levantar el nivel de diálogo. Ello exige desterrar el insulto y la violencia verbal, que no solo revelan carencia de argumentos sino también irresponsabilidad y falta de compromiso con los electores y ciudadanos.

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